domingo, 5 de octubre de 2014

NAVIDAD 2013 primera versión




NAVIDAD 2013

Natsume lo supo, supo que quería ser escritor, y lo fue, aunque era profundamente depresivo, enfermo y vivía agotado por sus trabajos. Murió joven. A los 49. 

No sé si se han hecho estudios estadísticos sobre si existe una edad media de mejor producción de los escritores. Parece difícil que esa edad se constate ante tantas obras maestras de jóvenes y de longevos. 

El matemático que no hizo algo importante hasta los treinta es difícil que lo haga luego. Quiénes se dedican a las ciencias sociales tienden a tener su época más productiva alrededor de los cincuenta, dado el largo proceso de formación que requieren. ¿Qué importancia tiene todo esto? Los perros tienden a morirse entre los diez y los quince, los de raza tienen una vida más corta (mi perra probablemente viva bastante más, ya va por los dieciséis). Como los androides.

Las estadísticas sólo indican tendencias que no puede explicar cómo ni por qué Netsume hizo todo antes de los cuarenta y nueve, año en que murió de una ulcera de estomago.

Ahora necesito copiar un trozo de Natsume, el comienzo de “La Puerta” (claro que es una traducción, vaya a saber cómo lo diría Natsume si el tradujera al español o como lo entendería uno si fuera japonés). ¿Cuántos idiomas manejaba Natsume. Yo apenas se leer en Castellano y en inglés. En el siglo XIX sin tantas traducciones y sin computadoras, los escritores y científicos solían manejar media docena o más de idiomas.

        “Sosuke saco el cojín al engawa para disfrutar del sol del mediodía y se dejo caer encima con las piernas cruzadas.  Al cabo de un rato, apartó la revista que hojeaba y se tumbó de costado. El rítmico golpear de las geta contra el suelo de la silenciosa calle, alcanzaba sus oídos y le producía un placer añadido. Se apoyó en el codo para contemplar el hermoso cielo azul que se abría más allá del alero del tejado. Parecía infinito visto desde el diminuto engawa. Pensó que sería muy afortunado si pudiera contemplar un cielo un domingo que otro.”

Más adelante (Sosuke es Natsume):

        “(...) Le dieron ganas de alejarse de su casa, de grabar en su mente un mapa de las calles de Tokio (...). Respiraba el aire de Tokio durante todo el año; tomaba el tranvía a diario para ir y volver del trabajo; pasaba mañana, tarde y noche por las mismas calles atestadas de gente, pero lo hacía siempre tan fatigado de cuerpo y alma que tenía la sensación de moverse en un sueño completamente ajeno a él y a todo cuanto lo rodeaba.”

Cuando leo a Natsume, o a unos cuantos más, puedo desaparecer, desaparecer en sus palabras, lo que nunca puedo ni puede otro con las mías. Entonces cuando me jubile lo mejor será dedicarme a copiarlas.


Hoy es domingo, el martes será nochebuena, el miércoles será navidad... Durante diez años, ya no, ya no..., he disfrutado pasar sólo las fiestas y algunos fines de semana cuando mis hijos, como hoy, se quedaban con su madre. Nochebuena y navidad cerraba puertas y ventanas y apagaba las luces externas para que no fuera algún vecino, cosa improbable pero no imposible, a invitarme a brindar con ellos.  Un solo año fui a la casa de un amigo. Pero me sentía un intruso en relación a que eran todos, el resto, miembros de la familia. No era que ellos me lo hicieran sentir, todo lo contrario, sino era yo el que me sentía invadiendo un terreno que no era para quienes no fuera de la familia. Ese 24 de diciembre, a las 24 horas, comenzamos a tirar petardos a la puerta de la iglesia que está enfrente de la casa de mi amigo. Lo hicimos con su hijo que debía estar por terminar la secundaria. Un acto insignificante que terminó resultándonos más una broma que un ataque a la institución y que, al menos, habrá intrigado al cura.

Las otras nochebuenas y navidades las he pasado trabajando o viendo una película y nunca me sentí deprimido o triste por estar sólo, es más disfrutaba estar sólo y no en una numerosa reunión familiar donde se hablarían estupideces, donde se hablaría sobre los hijos, sobre navidades anteriores. De esas fiestas lo que recuerdo con ternura diría amor diría llanto fue una en la cual los regalos se hacían como de costumbre por el mecanismo de “el amigo invisible”. 

Todos festejaban y algunos prendían lucecitas, pero no podía encontrar a mi hijo menor que tendría unos seis años, por entonces... Finalmente lo descubrí acurrucado en un rincón de la pieza de su abuela, con su gorrito de Papá Noel y llorando desconsoladamente porque todos los regalos que había recibido eran ropa. La maldita practicidad de “el amigo invisible”.  Yo también sigo prefiriendo que me regalen juguetes. Por suerte, ese año, a mi hijo, en casa le esperaban juguetes. 

Pero... no sé que iba a escribir porque me puse a mandar un mensaje diciendo que para navidad me regalen juguetes y no ropa, porque si no voy a llorar como lloraba mi hijo.  

Para prevenir ya me regale un set de Scully de los X Files que trae, además de a Scully, una mesa de morgue y algo, o alguien, envuelto en una sábana blanca, que no voy a desenvolver. Y al lado del set puse al Mulder que conseguí suelto, sin caja, que tiene su linterna pero le falta la pistola. Tenían también el set de Mulder, pero ya iba a provocar un descalabro económico mayúsculo si lo compraba. Mulder paradito al lado del set piensa como puede liberar a Scully. Si llegara a comprar el otro set pensaría que el de la caja es un Mulder falso. Claro, el verdadero es el que anda suelto, pero necesita urgentemente una pistola.

Puse el set sobre las cajas de Hurley, el boludo de Jack (no conseguí a Sawyer) y Kate (¡ Oh Kate ¡) y al lado de los cabezones de Guardiola y Mourinho, para recordar, primero cuando los compré con ella en el barrio Chino de Buenos Aires, y luego ese día en un bar de Zaragosa en el cual, con Daniel y Cecilia, vimos el Barca vapuleaba a los realistas, al Real, y los humillaba con un seis a dos. Histórico. Como el cinco a cero. Como el penal de Valentín a River en 1962 y el penal atajado por Roma, la chancha voladora, en el mismo partido que escuchamos por la radio en la chacra y luego leí en El Gráfico.

Natsume miró la caja y luego la tomó entre las manos y observo los detalles. La dio vuelta y no encontró un mecanismo para abrirla. Era muy distinta al globo con dharma que había comprado esa tarde por unos centavos.  Siguió desconcertado, pensando que haría con aquella caja con un extraño ídolo, una mujer con vestimenta de hombre.  La casa era austera y no se le ocurría donde ponerla. La miró largo rato y la deposito en un rincón. Tendría que pensar que hacer con aquel extraño artefacto.

Salió al engawa y miró el trozo de cielo que le había parecido infinito. Durante un largo rato todo fue silencio. Luego el bullicio provocado por unos niños. Uno de los chicos vio la caja de Scully y salió corriendo hacía la galería con ella.

-      Eh ¿Te gusta eso? 

-      Claro. Es Scully de Los Expedientes Secretos X.

-      ¿Y quién es esa Scully?

-      La protagonista de un gran programa de televisión.

-      ¡ Ah ¡ Pero cuando yo vivía no existía la televisión ni a nadie se le ocurría que fuera a existir una cosa así.

-      ¿Y las computadoras e internet?

-      ¡ jaa ¡ no... menos. Imposible.

Los chicos miraban la caja entusiasmados.

-      Pueden llevarla. Se las regalo. Ha aparecido aquí por error.
-      ¿Una anomalía temporo-espacial?

-      No sé bien qué es eso. Puedo deducirlo porque sé que es una  
anomalía y que es el tiempo. Pero no tiene sentido. Nunca había oído hablar de anomalías temporo-espaciales.

-      ¿Entonces por qué hemos venido a visitarte y nos has regalado la caja con el muñeco de acción?

-      ¿Eh?

-      Sí ¿Cómo podemos visitarte si has muerto hace muchos años? ¿No lo hacemos gracias a una anomalía?

-      Puede que tengas razón. Entonces tendría que retirarme a descansar a mi tumba.

-      No puedes hacer eso; no podremos jugar contigo si no eres más que un montón de cenizas.

-      ¡Uh! Pero cuando ustedes eran niños tampoco existía la televisión ni muñecos como esos...

-      Es que nos hemos acostumbrado a colarnos por rendijas temporo-espaciales.

-      No entiendo cómo hacen eso.

-      Nos enseñó nuestro padre, tu hijo, antes de arrojarse con su avión sobre un acorazado de Estados Unidos.

-      Sí. Me han contado otras veces de esa guerra. De que habría tenido un hijo que murió en ella.

-      Nuestro padre.
  
Estaba oscureciendo y seguían todos en la galería.
 
-      El abuelo se ha cansado y se va a dormir.

-      Está bien,  pero la próxima trata de recordar como conseguiste esta caja y trae otras.
  
Pero Natsume no sabía como la había conseguido.

RVS. Diciembre 2013.