jueves, 25 de julio de 2013

EN NADA (puede que primera versión)



EN NADA

La computadora permanece apagada. En realidad las computadoras permanecen apagadas: la mía, la de mi hermano menor y la de mi padre.

Padre habrá estado todo el día de malhumor. Si no había electricidad la computadora no funcionaba y no podía trabajar.  Por suerte su e-reader tenía suficiente carga y podía leer a la luz de las velas.  No alcancé a ver que leía, pero estaba más tranquilo.

Mi hermano menor pregunto qué íbamos a comer. Mi padre levanto la vista de su pantalla y dijo: tomando un litro, completo, entero, de agua el estomago se llena y se deja de sentir hambre. Así pueden ir a dormir sin sentir hambre.

Mi hermano se quedó callado frunciendo los labios.  Mi padre siguió leyendo.  Yo ya estaba logrando pensar en nada.

SUS OJOS primera versión



SUS OJOS

Su padre pensó que si no se hubiera cortado la luz eléctrica y no se hubiera sentado mirando el techo podría estar comenzando a escribir un cuento largo. No un cuento pequeñito. Uno que ocupara al menos cincuenta páginas de un libro. No un cuento como esos que subía cada tanto a su blog. 

Esto pensó él que su padre podría estar pensando mientras miraba el techo sentado cerca de la única vela que daba una luz decente. Decente, tal vez, porque con algún esfuerzo podía seguir leyendo La Traición de Rita Haywort, lectura que su madre desaprobaría.

Si estuviera su madre protestaría porque la heladera se había apagado. Finalmente pensando que es lo que pensaba que escribiría su padre si funcionara la luz eléctrica y pudiera usar la computadora se había distraído de su libro. ¿Cuál era la traición que había cometido Rita Hayworth? Probablemente si su padre pudiera encender la computadora y escribiera un cuento largo lo haría sobre un asesinato que tendría que ver con la traición de Rita Hayworth.  Los traidores suelen morir. Suelen ser asesinados cruelmente. Es jodido ser traidor o traidora. Puede que su padre describiera durante varias páginas la lenta y dolorosa muerte de Rita Haywort.

Siguió con el libro cerrado. Finalmente la luz de esa vela le había parecido decente pero no era decente.

Su padre dejó sólo un instante de mirar el techo y lo observo sin cambiar de expresión.  Su padre pensó que llevaría la vela a la cocina y haría unos fideos hervidos. Luego agregaría en cada plata un poco de aceite de oliva y provenzal del paquete verde.

Seguramente al morir Rita Haywort quedaría con los ojos abiertos. ¿Qué sería lo último que habrían visto sus ojos?