miércoles, 17 de julio de 2013

FEDOR EN SU FERETRO. Primera versión. Me lo contó una amiga de un amigo.




FEDOR EN SU FERETRO


Casi ninguno, hoy, sabe que las cenizas de Fedor aún están dentro de un jarrón chino al fondo del viejo aparador.  En el mismo lugar en el que Adelaida le confesó, a las cenizas, en voz baja, su secreto.

Fedor luce más joven en el féretro.  Lo han vestido con una pulcritud que hacía largos años no veíamos en él, lo han afeitado y peinado con aguas de rosas.

Los mayores dejan los rifles apoyados fuera de la cabaña y entran en la sala en la cual dos monedas de plata cubren los ojos de Fedor.  Dejan las armas apoyadas en la pared de troncos, callados y mirando el suelo llevan los sombreros raidos tomados con las puntas de los dedos.

Adelaida recibe los pésames, por supuesto de negro.  Ni los que por error levantan los ojos y cruzan miradas con los suyos -más oscuros- debajo de la cofia negra, pueden adivinar que siempre fue diez años mayor que Fedor, ni que éste murió sin saberlo.

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