domingo, 28 de julio de 2013

CHACRAS (primera de treinta y siete versiones)



CHACRAS

Se puede contar mucho sobre las chacras y sobre los chacareros.

Los cincuenta, ni tampoco la primera parte de los sesenta fueron como el resto de esa década ni como principios de los setenta.  Después, ya sabemos todos, siguieron existiendo chacras pero los chacareros desparecieron.

Ni hablar de las épocas heroicas anteriores a los cincuenta.  A ello se referirá alguien que las haya vivido, aunque seguramente esté muerto.

Ese año el invierno fue demasiado suave. Mala señal.

En octubre cayó una helada de unos cuantos grados bajo cero y no quedo casi nada de fruta.  Todo el trabajo previo desperdiciado era la frase que repetían todos, con variantes.

Para completarla, a principios de diciembre cayo una pedrea que lo que dejó lo dejó marcado, de peras y manzanas hablamos por si no se enteró.  No fue suficiente con que mi madre saliera corriendo, cuando vio venir los oscuros nubarrones, a hacer una cruz de sal gruesa sobre el sótano.

Mi padre miro el monte destrozado, las ramas partidas, las lagunas y dijo:

-      - Habrá que arrancar y vender todos los álamos para el año que viene.

-      - Cuidar los chanchos y las vacas... reducir los gastos.   

        - No... mejor eliminar los gastos.

-      - Dios castiga pero no ahorca... je... ahoga. 

Claro mi padre no era propiamente un creyente de creencia específica, cuando uno le preguntaba con un gesto amplio murmuraba:

-      - Algo habrá...


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