jueves, 21 de febrero de 2013

ASALTO AL BOLICHE DE HERRERA

Subo algo nuevo, como para empezar el año, esta historia es parte de un conjunto, que incluyendo Juan Smith, puede que en algún momento se conviertan en un álbum de historietas.
Primera versión, ya en un tiempo le daré una revisada.



ASALTO AL BOLICHE DE HERRERA

      La historia,  de la que quedan apenas unas líneas borrosas en un diario local,  se transforma con el tiempo.  El mismo tiempo que concluye con la vida de quienes fueron testigos directos.  Se pierden, con esas muertes, entre otras cosas, los detalles y se comienzan a agregar algunos que nunca existieron.

      De hecho nunca hubo un asalto que haya podido registrar,  al Boliche de Herrara, porque aquel caserón,  en una época ya incierta,  en algún momento de las primeras décadas del siglo veinte,  no era el Boliche de Herrera sino el Boliche de Boné. Herrera y familia se establecieron en el mismo edificio,  ya en decadencia y con los ladrillos vistos del exterior desgastados, mucho después:  Pero cuando yo era un niño la historia circulaba como “el asalto al boliche de Herrera”.

      Hoy,  ya pasada la primera década del siglo XXI,  el ruinoso local aún subsiste y sigue siendo un boliche de campo.  Luce un letrero pintado a mano sobre la pared:  El Pobre Onofre”. Ubicado en esquina,  el propio local esquinado,  sobre la Ruta 22 y un camino rural. En la época del asalto la ruta 22 era de tierra,  el camino rural sigue siendo como entonces.

      Los hechos fueron sencillos y sangrientos.  Boné y parte de su familia atendían aquel boliche de ramos generales,  cuando entraron cuatro sujetos nada distintos a los clientes habituales.  Uno pidió alguna mercadería que estaba en uno de los estantes superiores,  por lo cual la mujer de Boné tuvo que acomodar la escalera y trepar para buscarlo.  Cuando estaba subiendo, sin previo aviso, uno de los individuos saco una escopeta y le tiró a la cabeza.

      En el revuelo inmediato Boné padre se escapó por el patio de atrás y corrió a la cercana chacra de Fernández a pedir auxilio.  Volvieron enseguida bien armados, aunque Golo Fernández sólo llevaba un cuchillo grande de cocina.

      El primero en entrar fue el propio Boné,  no había rastros de los asaltantes y todos los miembros de la familia habían sido muertos con armas de fuego.  Cuentan que, inmediatamente, Boné cayó muerto de un paró al corazón,  mientras que Golo, confundido en la oscuridad de la entrada clavaba el facón en una bordalesa de vino.

     La policía encontró a los asaltantes una semana después en unas cuevas al norte del Río Negro,  no se resistieron.  Nadie sabe hoy qué pasó entonces.  Si uno lee las noticias sobre otros hechos similares de la época no sería extraño que los hubieran fusilado ahí mismo.


(La imagen no corresponde al Boliche del cuento, tiene algunas similitudes, y fue publicada en http://www.panoramio.com/user/120595/tags/Argentina%20-%20Provincia%20de%20Buenos%20Aires%20-%20Duggan)

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