domingo, 16 de diciembre de 2012

LA VERDADERA HISTORIA DE LA FRAGATA LIBERTAD

Esta historia, absolutamente real, la subí en marzo del 2010, tengo que corregirla pero que tentación volver a subirlo ahora:

domingo, 28 de marzo de 2010

LA FRAGATA SARMIENTO




LA FRAGATA SARMIENTO

Hoy, en la oscura semiinconsciencia por la que uno suele atravesar a levantarse de una siesta confusa, he recordado uno de los episodios en que cometiera, quizás, el peor error de mi vida y que, de alguna manera, determino mi carácter inseguro, dubitativo y equivoco para el resto de la vida.  Fue ese hecho el que me hizo sentir culpable por todo lo que ocurriera en mi familia, a la vez que estupido y timorato, durante el resto de mi infancia y adolescencia. Y de que alguna manera, aunque fuera la causa perdiendo en la memoria, el que desencadeno que sea la persona solitaria y aislada que soy hoy, cuando ya estoy por cumplir setenta años.

En los sesentas se vendía una publicación de figuritas de esas típicas con álbum y sobrecitos, y como siempre había un par que eran casi imposibles de conseguir: la bandera de Malí y La Fragata Sarmiento.

Tenía el álbum casi lleno y un día en el cual que mis padres iban al médico, al pueblo, me dieron dinero para que fuera a la distribuidora, una de las librerías del pueblo, la del viejo Iribarne creo y me comprara una caja de figuritas. ¡Una caja de figuritas¡ Una caja con cien sobre con cinco figuritas dentro de cada una de ellas.

Primero fuimos a comprar la caja y luego me quedé, en el auto, frente al consultorio del Dr. Monetta, abriendo los sobres esperando las difíciles y en un momento tuve en mi mano la mítica, La Fragata Sarmiento, la que nadie conocido había podido ver nunca. La que nadie había podido pegar con engrudo en su lugar del álbum.

Terminé de abrir y un grupo de chicos, de mi edad, que debían haberme estado observando sin que me diera cuenta se acercaron y me preguntaron.

-         ¿Qué sacaste?

De lejos les mostré la figurita oblonga de La Fragata Sarmiento. Se miraron entre ellos, se alejaron un poco y al rato volvieron.

-         Te la cambiamos por trescientas figuritas.

Negué con la cabeza, pero ya sabía que iba a cometer un pecado estupido innecesario. Volvieron a alejarse y a discutir.

-         Quinientas.

Negué.

-         Seiscientas.

Y asentí. Me había condenado para toda la vida. Al rato volvieron con una enorme lata llena de figuritas que contaron delante de mí y se llevaron La Fragata Sarmiento.  Desde entonces tome conciencia de que era un inútil y de que el resto de los seres humanos eran unos hijos de puta. Jamás volví a ver a La Fragata Sarmiento.

Roberto von Sprecher

viernes, 14 de diciembre de 2012

El tipo aquel



Fue tan poca cosa
Aunque a veces engañara
Finalmente no era nada
Y así siguió
Nada...