sábado, 19 de febrero de 2011

El último cuento de ciencia ficción (remake)

EL ULTIMO CUENTO DE CIENCIA FICCION[1]

(segunda o tercera versión: 2011)

 (Una versión de este cuento fue publicada en el librito “Que boludo”, seguramente algo diferente a ésta y a la primera que se publicó, probablemente, en este blog,  me da fiaca buscar y comparar…)
(en esta versión he agregado cosas absolutamente innecesarias, en contra del más que razonable principio que indica que toda corrección debe eliminar aquello innecesario.)

(comienza la historia)



La noche anterior Dante había tenido una pesadilla en la que todo lo que había a su alrededor se iba secuencialmente destruyendo. Primero la luz que empezaban a titilar, después los caños del agua, finalmente se rajaban las paredes. Como siempre se despertó transpirando y pensando que nunca podría sacarse la suciedad de encima.

Pero, a pesar de la pesadilla, esa mañana pudo terminar de arreglar la PC.  Al leer en la pantalla el título “El último cuento de Ciencia Ficción”, por primera vez en largo tiempo Dante Hagrimbó sintió algo así como satisfacción. Y ello a pesar de que podía ser considerado desesperante ser el último hombre en escribir el último cuento. No tendría lectores.

Entrevió por las rendijas de la persiana que afuera la oscuridad seguía siendo absoluta. Negro sobre negro. Volvió a sentarse frente a la computadora que había hecho funcionar con una batería que no duraría más de tres horas.  Era el tiempo que tenía para escribir el último cuento de ciencia ficción.

Casi inmediatamente percibió el sonido, inconfundible en el silencio absoluto que lo rodeaba, de alguien que se sentaba en la silla de madera que estaba de detrás suyo.  Sus neuronas parecieron sumirse en un torbellino descontrolado. Aquello era imposible.  Estaba seguro que era el ruido de alguien al sentarse, pero ya no quedaba nadie. Pensó que ya no tenía la escopeta de caño recortado sobre la mesa, ni el viejo 38. Los había guardado en el ropero, ya no hacían falta.

Se dio vuelta lenta y prudentemente. Sólo le quedaban sus puños o sus píes para atacar al invasor.  Pero quedo boquiabierto: Juan Salvo lo observaba atentamente con la cabeza algo inclinada sobre el pecho.

         -Me parece que debes ser un escritor o algo así. Una vez conocí a un guionista de historietas.

        Hagrimbó pensó:- “!La reputa madre que lo parió! ¡Me queda un rato de baterías y justo se aparece este tipo¡”. De cualquier manera, trato de mantenerse calmo y atento al visitante.

        - En algún lugar me llamaron “el Eternauta”. ¿Puedo contarte mi historia? No molestaré mucho, sólo un rato.  Después necesitaré descansar…

        - Ya se que sos el Eternauta y también como te llamas, o te llamabas: Juan Salvo. Y decime… ¿Sabés vos adónde fusilaron a Oesterheld el en 78?.

        - Pero, es que entonces yo...

Unas lágrimas corrieron por las mejillas de Salvo.

         -Está bien, disculpa. Te voy a servir un trago, y empezamos de nuevo.


Dante Hagrimbó fue hasta el ropero y lo abrió lentamente. Juan Salvo estaba abatido.  Lentamente sacó la escopeta de cañón recortado y con un disparo preciso le voló la cabeza.


Luego se sentó de nuevo ante la computadora.  Le quedaba menos tiempo para escribir “El último Cuento de Ciencia Ficción”.




[1] El título del cuento, aunque seguro alguno lo habrá pensado antes, pertenece a Diego Agrimbau, el guionista de El Asco (Dante Ginevra fue el dibujante) y surgió de los comentarios a una entrada que hizo en su blog respecto de las reflexiones de Capanna sobre el fin de la ciencia-ficción. Yo prometí escribirlo.  No lo pensé, pero luego Diego comentó que para ser realmente el último tenía que terminar primero con el Eternauta.