sábado, 15 de octubre de 2011

Inés (remake)


Inés

Subí al colectivo en General Roca. Como siempre había reservado pasillo, cerca del fondo.   En mi asiento se había sentado un hombre de unos cuarenta años. Les mostré mi pasaje y le indiqué que había sacado con tiempo pasillo para poder acomodar mis largas piernas.  Se corrió sin decir palabra. Acomodé la mochila en el portaequipaje y saqué un libro para protegerme de algún intento de conversación de mi acompañante.

Trate de leer un rato pero no me podía concentrar.  Había terminado el servicio militar, luego de que se me venciera la prorroga de estudiante, y volvía a Córdoba.  No le presté atención ni al libro, ni a los pasajeros.  Lateralmente iba viendo los álamos, que bordeaban a la ruta 22, con una sensación de que era un inseguro presidiario recién liberado.

No quería dormir por que sabía que en Villa Regina iban a parar una hora, para que cenaran los que venían viajando desde Bariloche.  Allí cerraban el colectivo con llave y necesariamente había que bajarse.

Baje en Regina y entré al comedor. Encontré una mesa pequeña al lado de una columna.  Pedí una gaseosa y me protegí de nuevo con el libro.  Esta vez si me logré abstraerme y concentrarme.  Estaba en eso cuando oí que alguien me hablaba.  Sin mucha conciencia levante la vista. Era una chica que me pedía permiso para ocupar la otra silla y la mitad de la mesa. Era normal que se compartieran mesas cuando el local se llenaba.

Marque el libro. Ella también pidió una gaseosa.

-         ¿Venís de Neuquén?.
-         Sí…
-         ¿Estás estudiando en Córdoba?
-         No recién estoy en cuarto de la secundaria.
-        
-         Voy a un torneo de atletismo que se hace en Embalse.  Me bajo en Almafuerte.
-         ¿Qué haces en el torneo?
-         Corro los 400 metros.

Pensé que nunca podría correr cuatrocientos metros después de los dos atados de cigarrillos por día que había terminado fumando en los últimos meses de la colimba.

-         ¿Y vos?
-         Vivo en Córdoba. Estudio y tengo que conseguir trabajo. Terminé abogacía y …
-         ¡Uhhh! Sos un traga… ¿Y seguís estudiando?

No recuerdo el resto de la conversación en el bar, ni de que hablamos.  Pero cuando subimos al colectivo y vi el asiento al lado de ella libre me senté allí, al fin y al cabo seguíamos charlando.
Durante veinte años he pensado sobre que habremos hablado antes de que le acariciara la mejilla, ya de noche y con las luces del colectivo apagadas.  Pero no he podido recordarlo, ni tampoco por qué le acaricié la mejilla, aunque el gesto para mi fue puramente amistoso.  Por entonces ya sabía que se llamaba Inés y me dijo que le había gustado lo que había hecho.  Casi inmediatamente me besó y estuvimos besándonos y acariciándonos toda la noche.  Amaneció y cuando llegamos a la terminal de Almafuerte bajé un ratito y nos despedimos con un largo beso.  Quede que al día siguiente iba a verla a Embalse. Me aviso la hora en que aproximadamente iba a correr.
Cuando subí los chóferes se reían y bromeaban sobre “el levante”. Me senté en el asiento en que habíamos estado juntos, todavía se sentía su olor y fui oliendo la punta de mis dedos hasta que llegamos a Córdoba.

A la tarde siguiente caminé bastante hasta llegar al complejo donde se alojaban las mujeres.  Cuando entré había unos adolescentes a los que les decían que se tenían que ir por que no estaba permitida la presencia de hombres.  Antes de que alcanzará a pensar nada me topé con la profesora de educación física del Nacional de Comodoro Rivadavia, donde había dado unas horas de Instrucción Cívica en los últimos meses de la colimba.  Ella estaba apurada pero le sorprendió verme y charlamos un ratito sobre Comodoro, le conté que ya estaba viviendo de nuevo en Córdoba y que andaba buscando una prima de Neuquén que había venido a participar en el torneo.  Me acompañó a través de unas salas enormes y finalmente me dijo que preguntara por allí y se fue apuradísima.  Antes que pudiera preguntar apareció Inés, me dio un beso en la mejilla y me dijo despacito:

- No me abraces ni me toques hasta que salgamos de acá. ¡Vamos!.

Saludo unas compañeras que se reían y no les dio tiempo para hacerle ninguna broma. Salimos rapidísimo del complejo y me hizo seguirla.  En media hora tenía que correr a unos quinientos metros de ahí.  Cuando llegamos nos encontramos con una pista de atletismo que estaba abajo y con una especie de cantina arriba.  Fuímos a la parte de atrás se colgó de mi cuello y casi me traga la lengua.  Todo el mundo estaba sobre la pista y nosotros allí escondidos. La apoyé contra la pared, con las dos manos sosteniéndole la cintura, la levante y empecé a deslizarla  de arriba abajo contra mi sin atreverme a hacer nada más. Me besó con más fuerza y al rato emitió unos sonidos raros en mis oídos, parecía que lloraba.  Repetimos lo mismo un par de veces y cuando metí la mano me dí cuenta que la bombacha y el jogging estaban muy mojados. La mancha se podía ver desde afuera… pero sólo prestando un poco de atención.

-         Sos muy linda.
-         Vos sos muy lindo. Ahora tengo que bajar a correr…
-         ¿Va a correr así?
-         Uuu… sí. Además no creo que ninguna haya podido dormir anoche… no importa.

Dimos una vuelta como para que no se notara que salíamos de atrás de la cantina, yo me senté en una de las filas de gradas y ella bajo a la pista.  Anduvo charlando por allá y por allí, mientras se corrían algunas carreras. A los quince minutos, cuando estaba un poco distraído, se alisto con una decena de chicas y antes que me hubiera acomodado ya habían concluido.  Terminó cuarta.  Charló un rato con las otras chicas y con una profesora y luego subió, se sentó a mi lado y me abrazó.

-         En un rato tengo que volver para el complejo…
-         ¿No podés venir mañana a Córdoba?
-         Sí… vamos a pasar el día a Córdoba. Yo venía atrasada, por eso venía en el colectivo de línea, pero mi escuela tiene un colectivo propio.  Voy a intentarlo diciendo que voy a visitar a mi tía… En serió tengo una tía en Córdoba… y voy a tu casa.

Le dí mi dirección, ella me había dado la suya de Neuquén la noche anterior. Me acompaño hasta el lugar donde paraba el colectivo que iba hasta Almafuerte.  Estuvimos esperando y nos besamos y acariciamos apoyados contra un árbol hasta que apareció el colectivo.

-         Espero el próximo.
-         No… no. Ya tengo que volver al complejo. Mañana…

Por supuesto que al otro día no apareció e igual estuve esperando todo le día que tocaran el timbre. El único que tocó fue el Moncho que venía a desafiarme a un partido de ajedrez.  No le conté nada por sabía que me iba a decir que esas cosas nunca pasaban y que lo había inventado. Recién al día siguiente se lo conté a una amiga y no volví a hablar del tema.

En el verano fuí a Neuquén y hasta la dirección que me había dado. Era una puerta que daba a la planta alta, a lado de una vaquería. No atendieron pero me pareció escuchar que alguien escuchaba.

Volví tres veces pero nunca contestaron al timbre. Me quedé esperando un rato largo enfrente pero no entraba ni salía nadie.  Ese verano caminé mucho pero ni noticias. Por supuesto que no la volví a ver nunca.  Ha pasado tanto tiempo que cuando lo recuerdo también me tengo que recordar que por entonces casi nadie tenía teléfono.  Me parece extraño las cosas que recuerdo con total nitidez, y de las que sin embargo jamás hablo, como no conservo en mi memoria otras que se supone fueron importantes.



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