miércoles, 13 de julio de 2011

60 años - 59 - 58 - ....


60 AÑOS

            Desde el martes pasado soy un anciano.

No siquiera puedo escribir todo lo que pienso, pensamiento nihilista pesimista calificándolo en los términos más optimistas, para que no me escriban que “todavía puedo dar mucho” (pero vayan a la mierda, ya di demasiado), que soy “un tipo inteligente” (como no soy recontraboludo tengo claro que soy un boludo y no paso de la mediocridad, más allá de que piense de que la media está por debajo de la mediocridad –uff ahí me van a decir que soy un agrandado-).

Como escribí hace poco “todo lo que pudo ser ya fue”.  Si al menos me jubilaran antes de los 65 para no terminar de laburar como un anciano achacoso, como gran parte de los docentes universitarios.

He escrito, en los últimos dos años, un par de guiones de historietas que fue muy saludable, pero nadie empieza a los sesenta, en todo caso creo que con esos guiones cierro una corta y cortada carrera como guionista 1986/87, 1990/1991 y 2010/2011.

 Tampoco voy a ser el escritor que quería ser aunque tenga que escribir las taradeces que tenemos que escribir para poder seguir manteniendo el laburo en la universidad.  Tengo claro que como docente he sido mediocre, a los que digan los contrarios les recuerdo lo que a veces anuncio en clase, sospechen de sus docentes, si realmente fueran buenos no estarían en Argentina.

Quedan los hijos que están en edad de cortar vínculos y bien que lo hagan.

Dicen que los ancianos pueden llevar una vida plena y reencontrar la felicidad.  Pura puta new age. No me rompan las bolas.

Reconozco que tengo baja autoestima, que no creo en nada, que me detesto bastante, que el pesimismo fue siempre mi método.

Los de abajo son los textos que escribí los dos años anteriores:

59 años.

El año pasado escribí un texto sobre todos mis muertos, no… sobre algunos de mis muertos.  Quedo como un “texto literario”. Este año ha sido muy distinto y está siendo muy distinto este mes, en particular, entonces no puedo hacer nada que se parezca a un cuento:

  1. Cuando voy a decir cuantos años tengo casi siempre estoy por decir sesenta, ergo si digo cincuenta y nueve bien puedo decir sesenta, y si digo sesenta digo gente ya falta poco para que puedan ir a mi cremación.  No… no… ya falta poco para que se enteren de que fui cremado sin haber sabido que me iban a cremar. 
  
  1. Desgraciadamente mi cuerpo me dice que tengo 59 y mi mente no se adapta e insiste en que tiene veinte y pico o treinta.


  1. ¿Dónde mi cuerpo me dice que no tengo 25 o 30?
-         En que juego un partido de fútbol, sin precalentar por supuesto, y tardo dos meses en recuperarme, y no voy a que un médico me vea las rodillas por que seguro me va a querer hacer operar (claro que lo de las rodillas tiene que ver el fútbol).
-         En que mi pelo está como el de Papa Noel.
-         En que me canso un poco y como las rodillas tienen un jueguito no puedo caminar tan rápido como antes.
-         En que 29 años de docencia me han destruido la garganta, tengo callos en las cuerdas vocales y es crónico e irreversible. Entonces dar clases no es una tortura, pero si lo es el estado en que quedo después de darla.

  1. ¿Por qué siguen funcionando las hormonas y el resto?  No tendrían que detenerse a esta edad, para que uno lleve una vida espiritual y boluda. Mis hormonas siguen funcionando eso es malo. Los médicos deberían recetar algo para eliminar la libido a partir de cierta edad.

  1. Por eso estoy bebiendo vodka. Buen vodka.

  1. Llegando a esta situación me parece, como me pareció siempre que la cuestión de “prolongar la vida humana” es una cuestión que sobre todo interesa a los laboratorios que se interesan por sacarle guita a la gente que se cree el verso
Sobre que es bueno “prolongar la vida humana”.

  1. Evidentemente me parece una boludez que haya gente que quiera seguir viviendo a partir de cierta edad.  Me parece que cuando se empieza a acentuar la distancia entre la edad mental y física es momento de cerrar persianas.

  1. Claro, evidentemente un problema es que la mayoría de la gente tiene más edad mental que física. Cumplen cuarenta pero tienen ochenta en la cabeza, cumplen ochenta y tienen doscientos en la cabeza y entonces es lógico que no puedan ver nada claramente.

  1. No se adonde voy ni adonde quiero llegar con esto. Como la vida: no se adonde voy ni adonde quiero llegar.

  1.  Si subo cosas como estas al facebook, empiezan ex alumnos con que me quieren, que fui su mejor profe, que me quieren por que yo les tiraba tizas y decía malas palabras. Pero, todo es en pasado, ya no puedo dar buenas clases. Tengo que usar micrófono y el micrófono me impide hacer el teatro que es necesario para la buena docencia.


  1. Si tengo en claro que como tengo la garganta está hecha pelota no quiero laburar más en la facu, pero hay hijos que ayudar y me quedan seis años para jubilarme y entonces tengo que aguantar.

  1. Escribí, hace poco, de tal forma que pareciera una pelotudez de un borracho: “Siempre estamos solos y no hay amor eterno”. Ninguna novedad, lo se desde que mi cuerpo tenía veinte y pico.


  1. ¿Para que escribo? Probablemente por mis dedos piensan, como ya dijo alguien sobre los periodistas, y no puedo evitar que se deslicen sobre el teclado. Es lo que quería hacer en la vida: ser escritor. Pero, no de textos académicos. Ah… ya está por salir un nuevo texto académico que hemos escrito con el equipo. Ves…

  1. Bueno, este año estoy escribiendo guiones de historieta de nuevo y he hecho una amiga en serio, hace mucho que no tenía una amiga nueva en serio.

  1.  Otra cuestión importante es que Paúl esta viviendo de nuevo conmigo, es muy bueno, salvo los días que me tengo que levantar a las siete menos cuarto para llevarlo al acelerado. Y claro que la cosa se pone ríspida cuando menciono la escuela y se enoja o cuando discutimos sobre dos películas de John Carpenter, que para él son genial y que para mi son un moco.

  1. Pero me quejo de que el mundo me trata mal por que he tenido que trabajar como una bestia, hacer doctorado, escribir libros, tengo 29 años de docentes, el sueldo no me alcanza para llegar a fin de mes, ya hace dos meses que estamos, con mi hijo Paúl, a arroz, fideos y polenta. Y Paúl me dice que debería haberme hecho colectivero. Tiene razón.

  1. Enseguida me dirán que soy un privilegiado por que podría haber sido un homeless en Groenlandia. Vayan a cagar con ese argumento.


  1. Bueno, pero ya nada importa, lo que me preocupa es que mi familia es longeva por ambos lados y no desearía vivir mucho más. Sólo lo necesario para que mis hijos terminen de estudiar.

  1. Ya cincuenta y nueve son suficientes. Andrés Caicedo se mató a los veinticinco por que no quería ver su degradación. Claro que yo no puedo matarme, tengo hijos… y bueno después tendrían que ir al psicoanalista y si estoy muerto no podría pagarselos.

  1. Lamentablemente el año que viene voy a tener que escribir una “nueva entrada” que se titule “60”, salvo que venga el Apocalipsis, me pise un colectivo, me mate un alumno bochado por décima vez o me falle el corazón.

  1. No estoy inspirado, en un día en que nos demostraron que tenemos grandes jugadores pero una bosta de equipo, y un día en que Paraguay perdió ocho minutos antes del alargue no puedo estar inspirado.

  1.  Claro somos un país que tiene algunos buenos jugadores pero es una bosta en su funcionamiento de equipo.

  1. Julio 3, 22:51.  No era lo que pensaba escribir pero es lo que escribí.

  1.  Robertovs


58 años

Al Vitrola lo mataron no se donde, me contó mi madre, un hecho policial.  El cabezón desapareció en marzo del 76.  Aidé antes de los cincuenta, una embolia culpa de la 1050.  Fabio un cáncer a los 21.  El Otito se tiró al canal grande. Rogelio se dio un escopetazo.
Mauricio Huichacura tomó folidol. A Eduardo, que nunca había fumando, lo mató un cáncer de pulmón, antes de los cuarenta. A Miguel, después de pelearlo treinta años, lo terminó matando el cáncer.  A Atilio también, pero fue rápido.
Jaime se tiró del quinto piso. Maldonado resbaló, con la moto, en una mancha de aceite en plaza España y se reventó la cabeza.
El primer muerto que vi iba en bicicleta y había chocado con un poste de luz en la entrada al pueblo. Era navidad y llevaba un pan dulce. A la Tía Lili pude verla cuatro o cinco días antes. A mi viejo el cáncer por no ir al médico a tiempo. El tío Juan, tan joven, cuando estaba haciendo un tratamiento para dejar el alcohol. El otro tío Juan tuvo que pasar los últimos años sin una pierna, él que era hombre de a caballo.
Mi compañera de secundaria que se tiró de un edificio enfrente de la vieja Ciencias de la Información.  Carlos se suicidó cuando íbamos al primer año de la facu. No recuerdo el nombre del compañero que murió en la guerra de los seis o siete días. A esta chica que fue mi alumna la mató el novio que era policía.
A Paco lo estaquearon hasta la muerte. Isolina se tiró, dicen, de un edificio en México. En la escuelita hay una larga lista, larga, de desaparecidos en la dictadura. Al hermano de la alumna rubia lo mataron en Malvinas.
El tío Carlos y la tía Vicenta se mataron en el camino del desierto y tardamos en enterarnos. El Pocholo se mató, cuando tenía catorce años y era aprendiz de mecánico, en un choque en la bajada de Chichinales, mi madre siempre contaba sobre él hermanito que se había ahogado en una acequia.
Algunos vivieron unos cuantos años y murieron más o menos tranquilamente, si se puede morir tranquilamente. Por lo general a la gente no le gusta morirse. Aunque si vivieron unos cuantos años no tendrían por que quejarse.



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