lunes, 20 de junio de 2011

MEMPHIS (segunda versión, basada en hechos reales)

MEMPHIS

Preparamos todo para salir la madrugada siguiente al cuatro de julio.  A la noche vimos los juegos artificiales y nos fuimos a dormir temprano.  El plan era, en el Ford de los cincuenta de David –un Ford de los cincuenta no era tan viejo a finales de los sesenta-, llegar hasta Menphis, después volver hacía Los Angeles, subir hasta Seatle y volver a Nebraska City pasando por Wyoming, Montana, North y South Dakota. Todo en un mes. 
En Menphis buscaríamos la casa de Elvis y montaríamos guardia hasta verlo y trataríamos de que nos firmara un disco. Lo lógico hubiera sido ir primero a Memphis bajando por la izquierda o la derecha del río, pero queríamos pasar primero por Colorado.

No teníamos mucho equipaje, suponíamos que no hacía falta por que era verano.  Un par de bolsos y ninguna frazada o campera de invierno. Nos olvidábamos que en gran parte de nuestro trayecto era por las montañas. Eramos jóvenes y lo que nos importaba era salir rápido y livianos de carga. Por lo tanto buena parte del trayecto anduvimos con tres remeras y un buzo encima.

Había leído On the road a los dos meses de llegar a los Estados y no había logrado entenderlo más que a medías, a pesar de que por gracias a la falta absoluta de hispanoparlantes podía hablar o jergear fluidamente.  Una cosa me había quedado clara del libro de Kerouac -o era la parte que no había podido entender-: los autos nunca se rompían ni tenían averías importantes, apenas cuestiones menores como, por ejemplo, cuando las luces no le funcionaron durante un rato en la selva mejicana o cuando quedaron empantanados no me acuerdo donde.
Eso sí en On the road no buscaban autógrafos de Elvis.  Sabíamos que Johnny Cash que a veces paraba en Memphis estaría de gira, pero por las dudas nos llevamos el disco de Johnny Cash in San Quintín que había salido el año anterior.

Sólo conducía David porque yo no tenía carnet. Los dos habíamos cumplido los dieciocho hacía poco tiempo y la primera meta era cruzar la frontera de Colorado.  Allí podíamos comprar cerveza y la revista Play Boy, que en la mayoría de los estados eran prohibidos para menores de dieciocho años. Apenas cerveza, ninguna bebida de mayor graduación estaba autorizada.
 A pesar de la prohibición de alcohol hasta los veintiuno en Nebraska, para año nuevo nos habíamos agarrado una borrachera espantosa con vino de California.  Además de David, la novia y Brad, había estado Carlos Elizalde un bonaerense que estaba viviendo en Lexington.  Un par de veces, el hermano mayor de David nos había comprado vino y lo llevamos, dentro de una bolsa de papel madera, debajo del asiento rogando que no nos parara el buen policía que andaba controlando la moralidad de los jóvenes.  No era mal tipo el buen policía pero era muy pesado, generalmente te paraba –por ejemplo si ibas muy rápido (no a mi)- y te hacía subir en el asiento del acompañante y daba unas vueltas dando consejos sobre como cuidarte y cuidar la moralidad, como padre de serie en blanco y negro.

El primer día salimos con la clara meta de llegar a Colorado antes del anochecer. Subimos hasta Lincoln y tomamos la 80 a mil, en Ogallala –recordé que Kerouac la mencionaba- comenzamos a bajar al sur, tomamos la 76 y a las seis de la tarde cruzamos la frontera.  En Sterling alquilamos una cabañita.  Enseguida fuimos a una store y compramos tres revistas playboy y veinticuatro latas de cerveza.  Estuvimos tres días borrachos. No nos importó que la cerveza pronto dejara de estar fría y recién salimos al segundo día para comprar más cerveza.  Se suponía que el cajero no nos debía haber vendido por el estado en que nos presentamos, pero lo hizo.  El cuarto día vomitamos los dos, decidimos bañarnos, dormir y no tomar más, para poder seguir viaje. Pararíamos en Denver y luego bajaríamos hasta Memphis sin importar que hubiera en el camino.

El Denver en que entramos, tras perdernos un par de veces por las autopistas, no tenía nada que ver con el de Kerouac, además empezó a salir humo del capot.  No era humo sino vapor y se nos había roto alguna pieza importante relacionada con el agua, supongo que fue el radiador yterminamos en un taller y hubo que cambiar una pieza que redujo nuestros fondos.  Decidimos eliminar a Seatle, donde pensaba visitar a Sharon, y de Los Angeles cruzar a Wyoming.


       Mientras esperábamos que arreglaran el auto charlamos con unos chicos que esperaban que repararan su combi. Les contamos nuestra idea de llegar a Memphis para ver a Elvis y nos dijeron que éste estaba actuando en Las Vegas desde hacía unos meses.  Nos dijimos que éramos unos pelotudos por no estar al tanto –éramos bastante boludos-, pero el cambio nos venía bien porque acortábamos camino. 
         Así, apenas el auto estuvo listo, arrancamos para Las Vegas sin que nos importara el Gran Cañón.  Mirando el mapa descubrimos que en suroeste de Colorado había un pueblito que se llamaba Marvel. Nos reímos como idiotas haciendo chistes sobre un supuesto letrero que diría “Welcome to Spiderman home”.

En la entrada a Las Vegas volvimos a errar camino y atravesamos unos suburbios de casitas pequeñas que no tenían nada que ver con la imagen de los rutilantes carteles luminosos y casinos.  En algún momento logramos llegar al centro y localizar el casino donde estaba actuando.  La mala noticia fue que no teníamos edad para entrar en ninguno de los locales donde había juegos de azar y no había ninguno que no los tuviera, incluido aquel en el que actuaba Elvis.  Así que montamos guardia en la entrada. A la madrugada estábamos sentados en el suelo cuando se armó un gran revuelo en la puerta, pero lo único que pudimos conseguir ver fue a dos matones con pelo cortado al rape nos corrieran a patadas.  Volvimos tres noches seguidas y las dos primeras se repitió la escena, la tercera noche vino la policía antes de que Elvis saliera y nos invitó amablemente a que nos alejáramos del lugar.  Con las guardias del Hotel donde el tipo vivía nos fue  aún peor. 

Nunca pudimos ver a Elvis, nos fuimos a Lakewood y en las afueras nos alojamos en un motel de mala muerte  pero con televisión y nos compramos diez packs de cerveza. Recuerdo haber visto una película de Godzila, una madrugada, borracho y acostado en el piso. A la semana decidimos seguir hasta Los Angeles. Después de todo que mierda nos importaba Memphis.  En la radio del auto siempre pasaban a Neil Diamond.

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