lunes, 11 de abril de 2011

EL OTRO OLSEN

mmm... nada nuevo... en la p.406 de Las Reglas del Arte: "El desmontaje impio de la ficción" y el sábado que viene tenemos el Sábado del Chancho.  Este cuento lo escribí luego de largos años sin escribir ficción en un bar de Chilecito.


EL OTRO OLSEN
Roberto von Sprecher 
        
Jimmy Olsen  mira al mar por la ventana de su finca en Taganana y vuelve a pensar en el joven Olsen, en el que siguió navegando hacia el sur.
Hace, quizás no tanto tiempo, tres hermanos Olsen se dispersaron por el mundo escapando de la hambruna en aquellas islas recostadas sobre un frío mar del norte.   Ahora Jimmy Olsen mira desde esas otras islas recostadas sobre un mar caliente, frente a la costa africana.  Es tinerfeño aunque su nombre y su apellido no sean españoles, su bisabuelo se quedó en Tenerife, vaya a saber porqué. Quizás porque desde sus costas podía contemplar el mar cálido.
Ya conoce a los descendientes, sus parientes, del Olsen que recaló en la costa de Estados Unidos.  Pero, el tercero de los hermanos prosiguió viaje hacia el sur, hacia el Río de la Plata, hacia las pampas que prometían inmensidad;  nunca más tuvieron noticias de él.
Entre las historias que le contaba su abuela cuando se iba a la cama, estaba aquella del más joven de los Olsen. Ni siquiera veinte años tenía y puede que por ello fuera el más osado, el que más lejos quería llegar.  Cuando arribó a Buenos Aires, imaginaba la abuela, no se detuvo ni un día en la ciudad, se internó en la pampa hasta que la inmensidad y la soledad terminaron tragándolo.  Nunca más se supo del joven Olsen y nadie supo dar cuenta de cual había sido su destino.  Después del relato, Jimmy cerraba los ojos pero no se podía dormir y se imaginaba al joven Olsen avanzando por la llanura sin final, y pensaba que tal vez aún después de tanto años continuaba avanzando sin poder encontrar donde detenerse.

Es verano y las playas de Tenerife empiezan a estar repletas de alemanes e ingleses.  Jimmy Olsen, médico y uno de los propietarios de una prospera clínica, decide viajar a la Argentina. Reserva los pasajes y un cuarto de hotel en el centro de Buenos Aires.  Durante dos semanas lee toda la información que puede conseguir sobre Argentina, sobre las provincias pampeanas.  Recorre lentamente el mapa, cada uno de los caminos, en verde, en rojo, punteados, y sus bifurcaciones. Memoriza itinerarios y nombres de ciudades.  Imagina el itinerario del joven Olsen, se detiene en General Acha, retrocede hasta el puerto de Buenos Aires y vuelve a empezar, se detiene en Carmen de Patagones y vuelve a empezar.


Cuando anuncian el inminente arribo al Aeropuerto de Ezeiza, Jimmy piensa que debería haber llevado más abrigo y que antes de emprender la búsqueda pasará por una tienda.  Mira por la ventanilla, pero la pampa se le ha extraviado en un horizonte de edificios.
Desciende del avión.  Sellan su pasaporte y, antes de pasar por la revisión de equipaje, ve dos hombres de trajes oscuros,  gruesos bigotes profusos y anteojos negros, que se dirigen a él.  Lo saludan y él asienta con la cabeza.  Adivina que lo esperaban a él,  pero a otro, e intuye que en ese preciso momento empieza su periplo por las pampas, y a cumplirse su destino.
      
        No hablan, no preguntan.  Jimmy se sienta en el asiento trasero del automóvil. Se detienen frente a un edificio del centro,  de reojo alcanza a ver un escudo sobre la puerta de entrada, disimula que esos lugares le son extraños.  Se muestra impasible y ausente.  Acompaña a uno de los hombres de bigotes por largos pasillos con olor a kerosén. Le parece escuchar el eco de lejanos gritos,  de lamentos y sollozos. Abren una puerta de doble hoja, con vidrios esmerilados y pintada de amarilla.  Sabe que tiene que entrar.  Le señala una mancha oscura en el fondo de la habitación y le dice “Bueno... ahí está".  Escucha el ruido de la puerta que se cierra y queda solo.  La única luz mortecina proviene de una lampara puesta en el suelo.

         Jimmy permanece inmóvil cerca de la entrada y luego de una eternidad avanza hacia el fondo de la habitación.  Le pesan las piernas y brazos, se siente como si una masa oprimiera su cuerpo, le duelen los ojos.  La mancha oscura va tomando forma.  Es una mujer desnuda encadenada al elástico de una cama,  parece dormida o desvanecida.  Al lado una silla y una mesa. Ahora se da cuenta de que las paredes están recubiertas de azulejos hasta la mitad de su altura.  Un balde con agua sucia en el suelo.  Trata de evitar mirar sobre la mesa, adivina un aparato con cables y pinzas...
         Avanza pesadamente y observa a la mujer de cerca.  Su cuerpo hiede a transpiración, orina y  miedo.  Es joven, muy joven, no más de veinte años.  Su cuerpo está cubierto de heridas y moretones.  Jimmy permanece inmóvil, quizás quince minutos quizás una hora.  Luego la mujer despierta, lenta y dolorosamente, y cuando lo ve comienza a gritar desesperada. El se refugia en un rincón, siente terror, transpira en frío.
Más tarde entra alguien de uniforme.  Le pregunta si  ha hablado
y  él niega con la cabeza, mirando al piso.   El uniformado acerca las pinzas y los cables a los pechos de la mujer, mueve algo y el cuerpo se sacude convulsivamente.  Repite la operación y luego se acerca a Jimmy, parece no entender que hace en un rincón, sacude la cabeza y dice "una hora más y será tarde".  Se va.  La mujer ahora solloza interminablemente.

         Trata de calcular el tiempo.  Piensa en levantar la mano para ver el reloj, pero no lo hace.  Quizás pasan quince minutos o una hora.  La puerta vuelve a abrirse y entra una persona de su estatura, traje azul, anteojos oscuros  y pelo rojizo como el suyo. Se para frente a él y lo mira, inmóvil.  Luego de unos segundos, que le parecen eternos, Jimmy levanta la vista  y pasan largos minutos mirándose.
Finalmente el otro Olsen se saca los anteojos. Jimmy ve que esos ojos son sus ojos.  El otro saca una pistola, le apoya el caño en la frente y, sin dejar de mirarlo, dispara.  Jimmy piensa que su sangre va a manchar el traje del otro Olsen.  Sueña que avanza por la pampa desolada, sin poder detenerse, como en las historias de su abuela.

No hay comentarios: