sábado, 30 de abril de 2011

TODO LO QUE PUDO SER YA FUE


TODO LO QUE PUDO SER YA FUE.

El día ha puesto gris.  La humedad y el comienzo del frío me ponen triste.  En realidad digo que me ponen triste la humedad y el comienzo del frío pero se que no es eso lo que me pone triste, ni tampoco la sensación de escalofrios que siento en los talones.

Me levanto de la cama, acomodada en una esquina del departamentito de un ambiente, y mientras en el Media Jubox de la PC suena Amelia por Joni Mitchel –triste como la puta madre- me arrimo a la ventana y alcanzo a entrever la plaza del mundo exterior, al que no saldré tampoco este fin de semana.

En realidad lo que me pone triste es que todo lo que pudo ser ya fue.  Que ya no habrá nada nuevo, que ni siquiera quiero que haya algo nuevo, que ya nada me interesa. ¿Y si ya nada me interesa por que me pongo triste?

Miro a la biblioteca que cubre todo una pared, desde el piso hasta el techo, y pienso en todos los libros que tuve que abandonar, pero ahí están los de Onetti.  El otro día en el suplemento de una revista barata me enteré que, antes de que algún antecesor lo italianizara, era O’nety, irlandés como Walsh.  Es un día como tantos de los libros de Onetti, parezco un personaje como los tantos de Onetti, pero ni siquiera tengo la malicia de muchos de ellos. Ni siquiera malicia…  Tiene un libro que se llama Cuando ya no importe.

Ni he escrito los cuentos que iba a escribir, ni las novelas… ni he tenido un gran amor.  Y ya no puedo emborracharme por que la resaca del día siguiente es insoportable.  Todo fue pasando en la inercia y la inoperancia, sin darme cuenta de que esas eran mis cualidades.

Ni he querido demasiado ni me han querido demasiado.  Todo fue un engaño, hasta fue cuando pensaba que estaba participando de una revolución que llegaría inevitablemente.  Inevitablemente nada llegó.  Todo lo que pudo ser ya fue y fue tan poco.

No queda más que hacerse unos mates amargos, acomodarse frente a la computadora y entrar al Facebook


viernes, 29 de abril de 2011

EN PRODUCCION

Dice una amiga que la excusa principal en las comunicaciones digitales para pasar a una analógica es "estoy complicado".  Bueno, éste ha sido un año complicado y no he podido mantener la producción de cuentos y ensayos pijoteros.  Complicado en lo personal y en el laburo.  Pero no dejé de escribir y he terminado, en semana santa, el guión de un nuevo álbum de historietas, que puede salga este año.  No tiene título todavía... bah hay opciones... y hay que pensar.  Creo que va a quedar polenta por los muy buenos dibujos que está haciendo  Lauri Fernández, de Mendoza. Acá subo algunas viñetas y algunos que fueron pruebas o diseño de personajes.
Para que no digan que no hay mujeres que hagan historietas. Con Nacha Vollenweider estuvimos en la preparación de la presentación de Ruta 22, que fue además el trabajo final de Licenciada en Plástica (primera vez que se hace con una revista de historietas) de Nacha, que saco un diez.  Ademas hicimos una historieta para la revista Clítoris, no se cuando saldrá y otras cosas andan dando vueltas.
Bueno, ahí van, para matar la culpa de no haber escrito cuentos...






jueves, 21 de abril de 2011

PARTIDO


PARTIDO

El viejo que se ha ubicado en la mesa más próxima al televisor de la izquierda, delante de mi mesa, pero no cerca, está loco como la mayoría de los viejos.  Gesticula y crítica permanentemente a los jugadores del Barcelona, con él cual, sin embargo, parece simpatizar, levanta los brazos y trata de involucrar en sus disquisiciones coléricas a los que están en las mesas cercanas.

A punto de comenzar ha entrado una extraña delegación de estudiantes españoles, actúan como estudiantes al menos, andan cerca de los veinticinco la mayoría, que juntan cuatro mesas que en poco tiempo son ocupadas por seis botellas de vino que se van vaciando rápidamente. Hora local casi cinco de la tarde. No puedo contarlos con atención ya que tengo que estar concentrado en la pantalla de la izquierda y ellos están se han ubicado a mi derecha, hacia delante –yo me he atrincherado contra la pared de vidrio del fondo.  No deben ser menos de diez, y seguramente son más de diez con las dos chicas que se agregan al rato de iniciado el juego.

El viejo insiste en que Messi es un pecho frío incapaz de avanzar sobre la defensa cerrada del Madrid y hace alguna alusión, que no intento escuchar, sobre su papel en la selección nacional.

El ocupante de la mesa de la izquierda, paralela a la mía, la mesa contra una columna y con un celular de esos de quinientas funciones, conectado a un enchufe del local, parece haber montado allí una oficina. Habla a cada rato por el teléfono y en el transcurso del primer tiempo entran tres hombres que hablan un rato con él y luego se van. No presta atención al partido. Más bien es distraído cada tanto por el viejo gesticulador.

Los de la delegación española son de distintas regiones y se mezclan las pronunciaciones más diversas, la mitad de ella ininteligibles.  Hay dos madristas.  Son los únicos que no saltan, ni se frustran luego, cuando el Barca mete un gol que es anulado.  Excepto ellos todos los del bar parecen alentar a los de Pep.  Pep que dice terminado los dos tiempos: “sólo nos falta el gol, sólo nos falta el gol”.

En el entretiempo el bar se llena, parece que la gente va saliendo del trabajo y se detiene a ver el partido, a medida que pasa el tiempo hay más y más gente, ya varios miran desde afuera.

Pido otro café chico sólo y lo bebo sin azúcar mientras miro una póliza.

 El viejo se va y se sienta un tipo cincuentón, de esos tipos que desagradablemente empiezan conversación sin que nadie se las pida, y solicita un estado de situación. Pero es un outsider no sabe que es la final de la Copa del Rey.  Los muchachos que han suplantado al oficinista que parece haber cerrado operaciones y se ha marchado le contestan y le dan su punto de vista sobre el partido.  El tipo agita las manos y pregunta más como si entendiera algo, cuando no hace más que demostrar que no entiende nada.  Yo no entiendo por que se ha sentado a ver el partido, o puede que se haya metido en el bar sin darse cuenta, tiene pinta de boludo, y ya en él haya sentido la necesidad de integrarse a la situación.

Comienza el segundo tiempo y permanezco impertérrito y serio, sin hablar, sin embargo toda la concentración no me sirve de nada por que viene ese gol estupido del estupido ese que hace publicidades de calzoncillos, casi sobre el final del alargue.

El viejo que había salido vuelve y encuentra su mesa ocupada y da vueltas contrariado. Los viejos suelen ser tipos que viven contrariados.

Los dos madristas se levantan a gritar el gol, pero viendo que no son acompañados por el resto se sientan en seguida, uno de ellos lleva una camiseta negra con el nombre de Cristiano en la espalda. No entiendo por que la camiseta es negra. Bueno, no se mucho sobre las camisetas del Madrid.

Ya se ha hecho de noche.  Hay más gente circulando por las calles, hay más gente esperando los colectivos. Miro la vidriera del negocio de licores que está antes del correo y recuerdo una vez más que mis reservas se están agotando, pero no hay remedio. No hay posibilidad de aumentarlas por el momento.

Partido de mierda. Como estoy un poco contrariado tomo el colectivo diferencial.

Nunca habrá otro como el seis a dos visto en un bar de Zaragoza, sobre eso tendría que escribir un cuento.

lunes, 11 de abril de 2011

TEMPRANITO... A LA CINCO DEL PROXIMO SABADO, SE PRESENTA EN EL ESPAÑA-CORDOBA EN EL DIA DEL CHANCHO.

LO RECOMIENDO... CONOZCO AL AUTOR.

EL OTRO OLSEN

mmm... nada nuevo... en la p.406 de Las Reglas del Arte: "El desmontaje impio de la ficción" y el sábado que viene tenemos el Sábado del Chancho.  Este cuento lo escribí luego de largos años sin escribir ficción en un bar de Chilecito.


EL OTRO OLSEN
Roberto von Sprecher 
        
Jimmy Olsen  mira al mar por la ventana de su finca en Taganana y vuelve a pensar en el joven Olsen, en el que siguió navegando hacia el sur.
Hace, quizás no tanto tiempo, tres hermanos Olsen se dispersaron por el mundo escapando de la hambruna en aquellas islas recostadas sobre un frío mar del norte.   Ahora Jimmy Olsen mira desde esas otras islas recostadas sobre un mar caliente, frente a la costa africana.  Es tinerfeño aunque su nombre y su apellido no sean españoles, su bisabuelo se quedó en Tenerife, vaya a saber porqué. Quizás porque desde sus costas podía contemplar el mar cálido.
Ya conoce a los descendientes, sus parientes, del Olsen que recaló en la costa de Estados Unidos.  Pero, el tercero de los hermanos prosiguió viaje hacia el sur, hacia el Río de la Plata, hacia las pampas que prometían inmensidad;  nunca más tuvieron noticias de él.
Entre las historias que le contaba su abuela cuando se iba a la cama, estaba aquella del más joven de los Olsen. Ni siquiera veinte años tenía y puede que por ello fuera el más osado, el que más lejos quería llegar.  Cuando arribó a Buenos Aires, imaginaba la abuela, no se detuvo ni un día en la ciudad, se internó en la pampa hasta que la inmensidad y la soledad terminaron tragándolo.  Nunca más se supo del joven Olsen y nadie supo dar cuenta de cual había sido su destino.  Después del relato, Jimmy cerraba los ojos pero no se podía dormir y se imaginaba al joven Olsen avanzando por la llanura sin final, y pensaba que tal vez aún después de tanto años continuaba avanzando sin poder encontrar donde detenerse.

Es verano y las playas de Tenerife empiezan a estar repletas de alemanes e ingleses.  Jimmy Olsen, médico y uno de los propietarios de una prospera clínica, decide viajar a la Argentina. Reserva los pasajes y un cuarto de hotel en el centro de Buenos Aires.  Durante dos semanas lee toda la información que puede conseguir sobre Argentina, sobre las provincias pampeanas.  Recorre lentamente el mapa, cada uno de los caminos, en verde, en rojo, punteados, y sus bifurcaciones. Memoriza itinerarios y nombres de ciudades.  Imagina el itinerario del joven Olsen, se detiene en General Acha, retrocede hasta el puerto de Buenos Aires y vuelve a empezar, se detiene en Carmen de Patagones y vuelve a empezar.


Cuando anuncian el inminente arribo al Aeropuerto de Ezeiza, Jimmy piensa que debería haber llevado más abrigo y que antes de emprender la búsqueda pasará por una tienda.  Mira por la ventanilla, pero la pampa se le ha extraviado en un horizonte de edificios.
Desciende del avión.  Sellan su pasaporte y, antes de pasar por la revisión de equipaje, ve dos hombres de trajes oscuros,  gruesos bigotes profusos y anteojos negros, que se dirigen a él.  Lo saludan y él asienta con la cabeza.  Adivina que lo esperaban a él,  pero a otro, e intuye que en ese preciso momento empieza su periplo por las pampas, y a cumplirse su destino.
      
        No hablan, no preguntan.  Jimmy se sienta en el asiento trasero del automóvil. Se detienen frente a un edificio del centro,  de reojo alcanza a ver un escudo sobre la puerta de entrada, disimula que esos lugares le son extraños.  Se muestra impasible y ausente.  Acompaña a uno de los hombres de bigotes por largos pasillos con olor a kerosén. Le parece escuchar el eco de lejanos gritos,  de lamentos y sollozos. Abren una puerta de doble hoja, con vidrios esmerilados y pintada de amarilla.  Sabe que tiene que entrar.  Le señala una mancha oscura en el fondo de la habitación y le dice “Bueno... ahí está".  Escucha el ruido de la puerta que se cierra y queda solo.  La única luz mortecina proviene de una lampara puesta en el suelo.

         Jimmy permanece inmóvil cerca de la entrada y luego de una eternidad avanza hacia el fondo de la habitación.  Le pesan las piernas y brazos, se siente como si una masa oprimiera su cuerpo, le duelen los ojos.  La mancha oscura va tomando forma.  Es una mujer desnuda encadenada al elástico de una cama,  parece dormida o desvanecida.  Al lado una silla y una mesa. Ahora se da cuenta de que las paredes están recubiertas de azulejos hasta la mitad de su altura.  Un balde con agua sucia en el suelo.  Trata de evitar mirar sobre la mesa, adivina un aparato con cables y pinzas...
         Avanza pesadamente y observa a la mujer de cerca.  Su cuerpo hiede a transpiración, orina y  miedo.  Es joven, muy joven, no más de veinte años.  Su cuerpo está cubierto de heridas y moretones.  Jimmy permanece inmóvil, quizás quince minutos quizás una hora.  Luego la mujer despierta, lenta y dolorosamente, y cuando lo ve comienza a gritar desesperada. El se refugia en un rincón, siente terror, transpira en frío.
Más tarde entra alguien de uniforme.  Le pregunta si  ha hablado
y  él niega con la cabeza, mirando al piso.   El uniformado acerca las pinzas y los cables a los pechos de la mujer, mueve algo y el cuerpo se sacude convulsivamente.  Repite la operación y luego se acerca a Jimmy, parece no entender que hace en un rincón, sacude la cabeza y dice "una hora más y será tarde".  Se va.  La mujer ahora solloza interminablemente.

         Trata de calcular el tiempo.  Piensa en levantar la mano para ver el reloj, pero no lo hace.  Quizás pasan quince minutos o una hora.  La puerta vuelve a abrirse y entra una persona de su estatura, traje azul, anteojos oscuros  y pelo rojizo como el suyo. Se para frente a él y lo mira, inmóvil.  Luego de unos segundos, que le parecen eternos, Jimmy levanta la vista  y pasan largos minutos mirándose.
Finalmente el otro Olsen se saca los anteojos. Jimmy ve que esos ojos son sus ojos.  El otro saca una pistola, le apoya el caño en la frente y, sin dejar de mirarlo, dispara.  Jimmy piensa que su sangre va a manchar el traje del otro Olsen.  Sueña que avanza por la pampa desolada, sin poder detenerse, como en las historias de su abuela.

domingo, 10 de abril de 2011

semana

Terminó una semana feliz.  Nacha Vollenweider, con Ruta 22, como trabajo final de Plástica del la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba marco un hito al ser la primera revista de historietas que es presentada como tesis y se recibió con un diez.  Tomamos mucha cerveza... varios días.