sábado, 14 de agosto de 2010

30 AÑOS (segunda parte)


30 AÑOS (segunda parte)

Mirta decía, en alguna de las veces que la llamé después del 2003, que yo era complicado en la relación. Claro que no ha nadie se le ocurría en 1976 llamar a una relación relación.  Eramos novios.  La alumna que terminaba el quinto año del Colegio Nacional y el profesor joven, el abogadito, seguramente la identidad que dominaba cuando me denominaban era la de “colimba”. El colimba, el «soldadito» en el mejor de los casos, que no era de Comodoro Rivadavia y que pronto se iría y seguramente no volvería más. No era un buen partido, lo sabía, sabíamos que me iba a ir, pero eso no pudo evitar que me enamorara de Mirta.

La volví a ver, al poco tiempo, en el verano del año siguiente. Mirta me dice ahora que fue en enero de 1977.  Yo pensaba que había sido un poco después, estaba casi seguro deque recién a fines de enero volví a Córdoba después de estar en Río Negro.  Pero, puede que tuviera razón. Tenía que rendir las materias que me habían quedado colgadas y que se habían dado en el segundo semestre, luego de que Ciencias de la Información estuviera cerrada la primera mitad del año y cuando yo creía que iba a correr la suerte de otras, como Cine. El cierre. Había pensado seriamente, si la cerraban, en irme a La Plata para poder terminarla.

Pero, lo que siempre me he quedado pensando que el 2004 o el 2005 Mirta me dijo que yo era complicado en la relación. Y, ahora que lo pienso más, no fue por teléfono, como escribí al principio, si no en un mail.  Ya nos escribíamos mail y nunca más volví a escribir, a nadie, cartas de treinta hojas.

En algún momento del 2004, un sábado a la tardecita, en que estaba deprimido como uno suele estarlo los sábados a la tardecita luego de separase por segunda vez, busqué en Internet y encontré el celular de Mirta con su nombre de soltera.

La llamé y atendió Mirta y volvimos a escuchar nuestras voces después de unos 28 años.  Era la misma voz pero más segura, yo la pensé más triste, pero eso seguramente fue pura imaginación, me hablaba alguien que tenía la competencia para hablar tranquilamente con la gente modulando la voz y no la chica de 17 años del año 76.  Su marido había muerto. Viuda. Mirta que siempre había seguido teniendo 17 años.

Claro que después de 28 años sin hablarnos fue una sorpresa, sin embargo algunas cosas habían pasado entre medio.  En 1988, después de volver del centro con mi novia de entonces, la otra relación larga, y una amiga, encontré una nota debajo de la puerta.
No tenía teléfono, no usabamos celulares, ni todavía tenía computadora ni imaginaba que iban a existir los mails.

Mirta me escribe –ahora- que fue en 1984, pero en 1984 todavía estaba casado y vivía en Alto Alberdi.  Y la nota, tengo la imagen grabada, estaba debajo de la puerta del departamento de Guemes, sobre el piso de parquet.  Decía algo así como “Esta fue la última oportunidad”, una despedida, el nombre de Mirta…

Me senté confundido ante algo que no sabía resolver. Seguro hubiera querido verla, pensé que podía estar en lo de la Tía que vivía en Córdoba pero no recordaba bien como llegar.  Cuando en 1977 me había ido de esa casa, lo había hecho sin tener conciencia del recorrido, sintiendo que me habían apaleado. Estaba enamorado de otra chica, no había pasado por mi mente que Mirta pudiera aparecer un día.

Pero, una cosa está clara, luego de mi separación en 1985 le había vuelto a escribir. Ella ya estaba casada.

Luego de leer la nota, de releer y releer la nota, no hice nada, no se me ocurrió que hacer, salvo escribir, luego, esa carta que,  a la cual ahora –Mirta- se refiere en un mail: “y siguió tu recuerdo buscándome en 1984 cuando yo viajé a Córdoba y no nos encontramos, pero que respondiste a mi notita por debajo de la puerta, con una carta no tan larga explicándome que estabas regresando no recuerdo desde donde....y volvió tu recuerdo no hace muchos años cuando volviste a localizarme a través del teléfono....si, parece que es así....nunca olvidaste a esa Mirta de 1976.”

Como me ocurriera años antes, me desespera pensar que la historia podría haber sido otra, seguramente hubiera terminado, o no hubiera terminado bien. Nunca ninguna historia termina bien. Todas las historias se terminan en algún momento aunque tengan 3500 páginas.  Pero, un cambio en un punto, hubiera producido mil cambios después y hoy sería otro, estaría haciendo otra cosa y no tratando de escribir esto…

Ahora Mirta está en mi Facebook.  Y ha comentado la primera parte en el blog.  Siento como si fuera uno de los personajes de Niebla de Unamuno, que interpelaban al autor y que tanto me gustó en cuarto de la secundaria.  No es un personaje o en esta historia, que es una versión de versiones dadas vueltas durante años, puede que sea un personaje.

Continúa… RVS. Córdoba. Agosto 13.2010.