domingo, 16 de mayo de 2010

Ford 35: El tren a Patagones.

Gran parte de los últimos textos, y algunos anteriores, se han ido convirtiendo en lo que pienso como una novela sin estructura demasiado precisa, como la vida misma según nuestro bibliotecario más famoso -Federico Reggiani-, que no se si se puede llamar Ford 35 por la marca, sino será Ruta 22. Los textos son siempre primeros escritos, casi siempre sin correcciones, que luego voy empeorando... corrigiendo.

EL TREN A PATAGONES

Buscando en google, en mapas viejos, recién me doy cuenta de que el viaje de Bahía Blanca a Origone eran apenas 65 kilómetros. Me parecía un viaje enorme, no se si largísimo, que requería muchos preparativos y más que nadas expectativas. En los primeros viajes la expectativa de llegar en tren a la estación y que el tío Juan nos estuviera esperando en el Sulky.

Teníamos que tomar el tren a Patagones. En mis recuerdos era un local que llegaba nada más que hasta allí y no el que seguía a Bariloche que se suponía que era un tren más sofisticado. Entonces era un trencito con una locomotora oscura que iba echando muchísimo humo que se desparramaba por los campos aridos. Las ruedas finas pero enormes encadenadas haciendo tracatrac tracatrac, los conductores que saludaban a los chicos que los saludan. Una bola sobre el extremo delantero, luego la chimenea y después una especie de cúpula negra de metal, la cual nunca supe saber para que servía. Yo pensaba que servía para hacer equilibrio entre la bola del frente de la parte superior y la chimenea. Sigo pensando y lo del frente no era una bola si no un reflector, aunque se me hacía difícil imaginar esa locomotora, sólida, maciza, pesada, pudiera andar de noche, salvo que la imaginara con una luna detrás sobre la que el humo se volvería más macizo y la cubriría casi totalmente, pero igual iluminando la silueta de la locomotora y unos pocos vagones de carga y otros pocos vagones de pasajeros.

Buscábamos un par asientos de los que se enfrentaran y acomodábamos todas las cosas, siguiendo las indicaciones de la abuela para que no se perdiera nada. ¿Cuántos bultos? ¿Quién está a cargo de que bolso, de que valija? Y en esa época eran pesados todos los bolsos y valijas.

¿Por qué la abuela preparaba algo de comida si el viaje era tan corto? El arranque se hacía pesado, a veces esperábamos horas, a veces salía de la estación, y el convoy se quedaba detenido a las pocas cuadras. Algunos decían que estaban esperando que llegara otro tren que venía por la misma vía. Esa parte del viaje era aburrida, aburrida. El viaje comenzaba cuando se dejaba de ver el mar y comenzaba el campo arido.

Hoy la zona se ha convertido en un desierto, tiene que ver con el desmonte del escaso monte para sembrar una vez que hubo unos pocos años de buena lluvia (si no sólo vacas, cuando llovía un trigo que no rendía muchas bolsas por hectárea). Sin embargo no recuerdo el campo del tío Juan y la tía Juana con trigo. Donde sembraban más trigo era en Ombucta (había una estación un trecho antes de llegar a Origone). En el campo del Negro y Lily había un galpón de chapas combadas que recuerdo lleno de bolsas de trigo y recuerdo cuando se hablaba de para cuando iba a ser la cosecha. Pero siempre estuvieron también los cuadros con vacas. Y en todos los campos, de Juan o de Lily, los tanques australianos con pescaditos, en los cuales buscábamos con ahínco los pececitos de colores. Alguna vez agarrábamos uno con un frasco, nos deslumbrábamos un poco y luego lo devolvíamos al estanque. Si no venía el tío Juan y enganchaba un pedazo de grasa en un alambre para que todos los pescados se vinieran a la orillan a pelearse por un pedacito.

De cualquier manera en los cincuenta hubo años en que los campos se convirtieron en desiertos y los medanos avanzaron, una vez llegaron hasta el alambrado de la entrada del Abuelo Salis.

Desde el tren a la derecha se veía el campo desolado, de pastos duros y pobres, cada tanto unos pocos árboles donde se amontonaban las vacas, por lo general medio flacas, cuando hacía calor. Supongo no les resultaba fácil conseguir comida, aunque plantaban algún cereal barato para que se alimentaran. A la derecha estaban primeros los pajonales que recuerdo altos y secos y más allá la ruta y los otros campos pero como una mancha de terreno sin demasiadas precisiones. Muy de vez en cuando una casa, molinos australianos. A pesar de la desolación el viaje me resultaba tremendamente placentero, no sólo por que nos esperaba el sulky si no también por que me gustaba el vagón, el olor a cuero viejo de los asientos, el de las maderas…

Cuando avanzaron los medanos sobre la casa del Abuelo Salis, que en realidad era bisabuelo, no había madera en ningún lado, que sirviera, para la cocina. Cocina “económica” a leña todo el año. Entonces salíamos a juntar bosta de vaca seca, llevábamos una bolsa de tela, una vieja bolsa que alguna vez habría servido para trigo, y un palo cada uno para levantar las bostas secas y meterlas en la bolsa. Con eso se alimentaba la cocina y se armaba el fuego para hacer la comida y calentar la cisterna si alguno se tenía que bañar. No había que levantar las bostas secas con la mano por que abajo solía haber arañas pollito y mi madre y en consecuencia yo le teníamos terror, yo en especial una vez que encontré a dos peleándose como salvajes.

Al fin llegábamos a la pequeña estación de Origone y yo buscaba el sulky que estaría a un costado y al tío Juan sobre el andén.

El viaje en sulky que conservo más preciso en mi memoria es uno en que íbamos al pueblo anocheciendo, por el camino arenoso, con unos pajonales enormes a los costados, y alguien empezó a contar del plato volador que habían visto unos vecinos no hacía mucho tiempo. Como siempre la noche era para contar cuentos como para irnos a dormir asustados. Si no los contaban los grandes los contábamos nosotros.

3 comentarios:

ALICIA dijo...

Definitivamente, debería escribir novelas!!!

ALICIA dijo...

Profe, a este comentario no lo publique, pero si pase por mi blog y opine-si quiere- sobre las chupinas, y el revuelo que armaron las chupinas masivas convocadas a través de facebook. Es para un práctico de psicología social.GRACIAS! Besos.

rvs dijo...

Gracias Alicia sos muy lectora modelo, siempre presente. En realidad son historias que van a ir en parte a historietas y cuando las junte una novela como las de ahora... sin mucha estructura.
Podés leer, ni no la leíste "1973", es una que algún día voy a cambiar, pero según los canones de la novela actual se puede leer como tal. El Link está ahí al lado, a la izquierda.
Veo tu sitio después que termine, tarde, de preparar el almuerzo de mis hijos.
Cariños. Parame cuando me veas en la facu.