domingo, 22 de noviembre de 2009

Inés

Inés

Tomé el colectivo en Neuquén. Como siempre había reservado en pasillo, cerca del fondo. En mi asiento se había sentado un hombre de unos cuarenta años. Les mostré mi pasaje y le indiqué que había sacado con tiempo pasillo para poder acomodar mis largas piernas, se corrió sin decir palabra. Acomodé la mochila arriba y saqué un libro para reducir las posibilidades de mi acompañante me hablara.

Leí sin poder concentrarme mucho. Había vuelto a Neuquén después de terminar el servicio militar y ahora seguía para. No prestaba atención ni al libro, ni a los pasajeros, y, lateralmente iba viendo los álamos, que bordeaban a la ruta 22.

No quería dormir por que sabía que en Villa Regina iban a parar para que cenara alguno de los que venían viajando desde Bariloche, había que bajarse y cerraban el colectivo con llave.

Sin pensar demasiado tiempo en algo concreto llegamos a Regina. Encontré una mesa pequeña, para dos, al lado de una columna. Me senté, pedí una gaseosa y me puse de nuevo con el libro. Esta vez si me logré abstraerme y concentrarme. Estaba en eso cuando oí que alguien me hablaba. Sin mucha conciencia levante la vista. Era una chica que me pedía permiso para ocupar la otra silla y la mitad de la mesa. El lugar se llenaba y esa era una práctica normal.

Marque el libro. Ella también había pedido una gaseosa.

- Venís de Neuquen.
- Sí…
- ¿Estás estudiando en Córdoba?
- No recién estoy en cuarto de la secundaria.
- …
- Voy a un torneo de atletismo que se hace en Embalse. Me bajo en Almafuerte.
- ¿Qué haces en el torneo?
- Corro en 400 metros.

Pensé que nunca podría correr cuatrocientos metros con los dos atados de cigarrillos por día que había terminado fumando en los últimos meses de la colimba.

- ¿Y vos?
- Vivo en Córdoba. Estudio y trabajo. Ya termine Ciencias Económicas.
- ¡Uhhh! Sos un traga… ¿Y seguís estudiando?

No recuerdo bien el resto de la conversación en el bar, ni de que hablamos cuando en vez de volver a mi asiento me senté al lado de ella. Iba sola en la tercera fila. Durante veinte años he pensado sobre que hablamos antes de que le acariciara la mejilla, ya de noche y con las luces del colectivo apagadas. Pero no he podido recordarlo, ni tampoco por qué lo hice en un gesto que para mi fue puramente amistoso. Por entonces ya sabía que se llamaba Inés e Inés me dijo que le había gustado lo que había hecho. Casi inmediatamente me besó y estuvimos besándonos y acariciándonos toda la noche. Amaneció y cuando llegamos a la terminal de Almafuerte bajé un ratito y nos despedimos con un largo beso. Quede que al día siguiente iba a verla a Embalse. Me dijo la hora en que aproximadamente iba a correr.
Cuando subí los chóferes se reían y bromeaban sobre “el levante”. Me senté en el asiento en que habíamos estado juntos, todavía se sentía su olor y fui oliendo la punta de mis dedos hasta que llegamos a Córdoba.

A la tarde siguiente caminé bastante hasta llegar al complejo donde se alojaban las mujeres. Cuando entré había unos adolescentes a los que les decían que se tenían que ir por que no estaba permitida la presencia de hombres. Antes de que alcanzará a pensar nada me topé con la profesora de educación física del Nacional de Comodoro Rivadavia, donde tuve unas horas de Instrucción Cívica en el Colegio Nacional. Ella estaba apurada pero de cualquier manera charlamos un rato sobre Comodoro, le conté que ya estaba viviendo de nuevo en Córdoba y que andaba buscando una prima de Neuquén que había venido a participar en el torneo. Me acompañó a través de unas salas enormes y finalmente me dijo que preguntara por allí y se fue apuradísima. Antes que pudiera preguntar apareció Inés, me dio un beso en la mejilla y me dijo despacito:

- No me abraces ni me agarrés hasta que salgamos de acá. ¡Vamos!.

Saludo unas compañeras que se reían y no les dio tiempo para hacerle ninguna broma. Salimos rapidísimo del complejo y me hizo seguirla. En media hora tenía que correr a unos quinientos metros de ahí. Cuando llegamos nos encontramos con una pista de atletismo que estaba abajo y con una especie de cantina arriba. Me llevó a la parte de atrás se colgó de mi cuello y casi me traga la lengua. Todo el mundo estaba sobre la pista y allí estábamos escondidos. La apoyé contra la pared, con las dos manos sosteniéndole la cintura la levante y empecé a deslizar su pubis de arriba abajo contra mi sexo sin atreverme a hacer nada más. Me besó con más fuerza y al rato emitió unos sonidos raros en mis oídos, parecía que lloraba. Repetimos lo mismo un par de veces y cuando metí la mano dentro me dí cuenta que la bombacha y el jogging estaban muy mojados. La mancha se podía ver desde afuera, pero sólo prestando un poco de atención.

- Sos muy linda.
- Vos sos muy lindo. Ahora tengo que bajar a correr…
- ¿Va a correr así?
- Uuu… sí. Además anoche no creo que haya podido dormir nadie.

Dimos una vuelta como para que no se notara que salíamos de atrás de la cantina, yo me senté en una de las filas de gradas y ella bajo a la pista. Anduvo charlando por allá y por allí, mientras se corrían algunas carreras. A los quince minutos, cuando estaba un poco distraído, se alisto con una decena de chicas y antes que me hubiera acomodado ya habían concluido. Terminó cuarta. Charló un rato con las otras chicas y con una profesora y luego subió, se sentó a mi lado y me abrazó.

- En un rato tengo que volver para el complejo…
- ¿No podés venir mañana a Córdoba?
- Sí… vamos a pasar el día a Córdoba. Yo venía atrasada, por eso venía en el colectivo de línea, pero mi escuela tiene un colectivo propio. Digo que tengo que ir a ver una tía, que voy a ver a una tía, la tía… Tengo una tía en serio en Córdoba. Y voy a tu casa.

Le dí mi dirección, ella me había dado la suya de Neuquén la noche anterior. Me acompañço hasta el lugar donde paraba el colectivo que iba hasta Almafuerte. Estuvimos esperando apoyados contra un árbol.

- Vos tapame. Así… Así te hago acabar a vos también.

Pero cuando metió la mano por la cintura apareció el colectivo.

- Espero el próximo.
- No… no. Ya tengo que volver al complejo. Mañana en tu casa…

Por supuesto que al otro día no apareció y estuve esperando todo le día que tocaran el timbre. El único que tocó fue el Moncho que venía a desafiarme a un partido de ajedrez. No le conté nada por sabía que me iba a decir que esas cosas nunca pasaban y que lo había inventado. Recién al día siguiente se lo conté a una amiga y no volví a hablar del tema.

En el verano volví a Neuquén y al día siguiente me fui hasta la dirección que me había dado. Era una puerta que daba a la planta alta, a lado de una vaquería de moda. No atendieron pero me pareció escuchar que alguien escuchaba.

- Hola. Busco a Inés. Hola.
- ¡Hola!

Volví varias veces pero nunca contestaron. Me quedé esperando enfrente pero no entraba ni salía nadie. Ese verano caminé mucho pero ni noticias. Por supuesto que no la volví a ver nunca. Ha pasado tanto tiempo.

El Libro de Poemas de Lost tiene blog propio

He copiado todos los poemas publicados en www.robertovs.blogspot.com a un blog propio:



Se conservan los mismos en este sitio para no eliminar los comentarios.