viernes, 3 de julio de 2009

58

58 años

Al Vitrola lo mataron no se donde, me contó mi madre, un hecho policial. El cabezón desapareció en marzo del 76. Aide antes de los cincuenta, una embolia culpa de la 1050. Fabio un cáncer a los 21. El Otito se tiró al canal grande. Rogelio se dio un escopetazo.
Mauricio Huichacura tomó folidol. A Eduardo, que nunca había fumando, lo mató un cáncer de pulmón, antes de los cuarenta. A Miguel, después de pelearlo treinta años, lo terminó matando el cáncer. A Atilio también, pero fue rápido.
Jaime se tiró del quinto piso. Maldonado resbaló, con la moto, en una mancha de aceite en plaza España y se reventó la cabeza.
El primer muerto que vi iba en bicicleta y había chocado con un poste de luz en la entrada al pueblo. Era navidad y llevaba un pan dulce. A la Tía Lili pude verla cuatro o cinco días antes. A mi viejo el cáncer por no ir al médico a tiempo. El tío Juan, tan joven, cuando estaba haciendo un tratamiento para dejar el alcohol. El otro tío Juan tuvo que pasar los últimos años sin una pierna, él que era hombre de a caballo.
Mi compañera de secundaria que se tiró de un edificio enfrente de la vieja Ciencias de la Información. Carlos se suicidó cuando íbamos al primer año de la facu. No recuerdo el nombre del compañero que murió en la guerra de los seis o siete días. A esta chica que fue mi alumna la mató el novio que era policía.
A Paco lo estaquearon hasta la muerte. Isolina se tiró, dicen, de un edificio en México. En la escuelita hay una larga lista, larga, de desaparecidos en la dictadura. Al hermano de la alumna rubia lo mataron en Malvinas.
El tío Carlos y la tía Vicenta se mataron en el camino del desierto y tardamos en enterarnos. El Pocholo se mató, cuando tenía catorce años y era aprendiz de mecánico, en un choque en la bajada de Chichinales, mi madre siempre contaba sobre él hermanito que se había ahogado en una acequia.
Algunos vivieron unos cuantos años y murieron más o menos tranquilamente, si se puede morir tranquilamente. Por lo general a la gente no le gusta morirse. Aunque si vivieron unos cuantos años no tendrían por que quejarse.