viernes, 10 de abril de 2009

corto recreo mental 2

Yo estaba comprando milanesas de pollo y un señor excesivamente grande para la motito que conducía estacionó y entró saludando con una sonrisa de oreja a oreja. Pidió dos pollos para la parrilla y le trajeron dos enormes. Le parecieron muy buenos, se lo veía feliz y dijo que los rellenaba de ajos y pimientos y lo cocinaba a fuego lento y que además era necesario un vaso de vino. Le pregunté si el vino era para el pollo y sonrío con toda la boca abierta mostrando sólo cuatro dientes, uno a cada costado, arriba y abajo, y me contestó que era para el asador, por que si no el asado salía mal.