viernes, 23 de octubre de 2009

Faiscuento. Nunca más la vi.

Luego de la tercera vez que me desperté y volví a dormirme no pude recuperarla más. Era tierna, cariñosa y me abrazaba. Yo acariciaba su piel suave, despacito, amorosamente, con la yema de los dedos. Estaba preocupado por su ingreso a la facultad.

No hay comentarios: