viernes, 30 de mayo de 2008

MEMPHIS


Esta semana Gabriel me paso el nombre de Memphis para que inventara un cuento con ese nombre. Ahí va:


MEMPHIS

Preparamos todo para salir después del cuatro de julio. El plan era, en el Ford de los cincuenta de David, llegar hasta Menphis, después volver hacía Los Angeles, subir hasta Seatle y volver por Wyoming, Montana, North y South Dakota volviendo a Nebraska City. Todo en un mes. En Menphis buscaríamos la casa de Elvis y montaríamos guardia hasta verlo y trataríamos de que nos firmara un disco. Lo lógico hubiera sido ir primero a Memphis bajando por la izquierda o la derecha del río, pero queríamos pasar primero por Colorado.

No teníamos mucho equipaje, suponíamos que no hacía falta siendo verano, un par de bolsos y ninguna frazada o campera de invierno. Nos olvidábamos que en las montañas igual hacía frío y que en gran parte de nuestro trayecto las teníamos que cruzar.
Había leído On the road al poco tiempo de estar en los Estados y no había logrado entenderlo más que a medías. Una cosa me había quedado clara: los autos nunca se rompían ni tenían averías importantes, apenas una cuestión menor como, por ejemplo, cuando las luces no le funcionaron durante un rato en la selva mejicana o cuando quedaron empantanados no me acuerdo donde. Claro que en On the road no buscaban autógrafos de Elvis. Sabíamos que Johnny Cash que a veces paraba en Memphis estaría de gira, pero por las dudas nos llevamos el disco de Johnny Cash in San Quintín que había salido el año anterior.

Sólo conducía David porque yo no tenía carnét, los dos habíamos cumplido los dieciocho hacía poco tiempo y la primera meta era cruzar la frontera de Colorado. Allí podíamos comprar cerveza y la revista Play Boy, que en la mayoría de los estados eran prohibidos para menores de dieciocho años. Claro que sólo cerveza, ninguna bebida de mayor graduación estaba autorizada. A pesar de la prohibición hasta los veintiuno, en Nebraska, para año nuevo nos habíamos agarrado una borrachera espantosa con vino de California. Además de David, la novia y Brad, había estado Carlos Elizálde un bonaerense que estaba viviendo en Lexington. Además, un par de veces, el hermano mayor de David nos había comprado vino y lo llevamos, dentro de una bolsa de papel madera, abajo del asiento rogando que no nos parara el buen policía que andaba controlando la moralidad de los jóvenes. No era mal tipo el buen policía pero era muy pesado, generalmente te paraba –por ejemplo si ibas muy rápido- y te hacía subir en el asiento del acompañante y daba unas vueltas dando consejos sobre como cuidarte y cuidar la moralidad, como un padre anticuado.

El primer día salimos con la clara meta de llegar a Colorado antes del anochecer. Subimos hasta Lincoln y tomamos la 80 a mil, en Ogallala –recordé que Kerouac la mencionaba- comenzamos a bajar al sur, tomamos la 76 y a las seis de la tarde cruzamos la frontera. En Sterling alquilamos una cabañita. Enseguida fuimos a una store y compramos tres revistas playboy y veinticuatro latas de cerveza. Estuvimos tres días borrachos. No nos importó que la cerveza pronto dejara de estar fría y recién salimos al segundo día para comprar más cerveza. Se suponía que el cajero no nos debía haber vendido por el estado en que nos presentamos, pero lo hizo. El cuarto día decidimos bañarnos, dormir y no tomar más, para poder seguir viaje. Pararíamos en Denver y luego bajaríamos hasta Memphis sin importar que hubiera en el camino.

El Denver en que entramos, tras perdernos un par de veces por las autopistas, no tenía nada que ver con el de Kerouac, además empezó a salir humo del capot. No era humo sino vapor y se nos había roto alguna pieza importante del agua, terminamos en un taller y hubo que cambiar una pieza que redujo nuestros fondos. Decidimos eliminar a Seatle, donde pensaba visitar a Sharon, y de Los Angeles cruzar a Wyoming.
Mientras esperábamos que arreglaran el auto charlamos con unos chicos que estaban arreglando una combi. Les contamos nuestra idea de llegar a Memphis para ver a Elvis y nos dijeron que éste estaba actuando en Las Vegas desde hacía unos meses. Pensamos que éramos unos pelotudos por no estar al tanto, pero el cambio nos venía bien porque acortábamos camino. Así, apenas el auto estuvo listo, arrancamos para Las Vegas sin que nos importara el Gran Cañón. Mirando el mapa descubrimos que en suroeste de Colorado había un pueblito que se llamaba Marvel. Nos reímos como idiotas haciendo chistes sobre un supuesto letrero que diría “Welcome to Spiderman home”.

En la entrada a Las Vegas volvimos a errar camino y atravesamos unos suburbios de casitas pequeñas que no tenían nada que ver con la imagen de los rutilantes carteles luminosos y casinos. En algún momento logramos llegar al centro y localizar el casino donde estaba actuando. La mala noticia fue que no teníamos edad para entrar en ninguno de los locales donde había juegos de azar y no había ninguno que no los tuviera, incluido aquel en el que actuaba Elvis. Así que montamos guardia en la entrada. A la madrugada estábamos sentados en el suelo cuando se armó un gran revuelo en la puerta, pero lo único que pudimos conseguir fue que dos matones con pelo cortado al rape nos corrieran a patadas. Volvimos tres noches seguidas y las dos primeras se repitió la escena, la tercera noche vino la policía antes de que Elvis saliera y nos invitó amablemente a que nos alejáramos del lugar. Con las guardias del Hotel donde el tipo vivía nos fue aún peor. Nunca pudimos ver a Elvis, nos fuimos a Lakewood y en las afueras nos alojamos en un motel de mala muerte pero con televisión y nos compramos diez packs de cerveza. Recuerdo haber visto una película de Godzila, una madrugada, borracho y acostado en el piso. A la semana decidimos seguir hasta Los Angeles. Después de todo que mierda nos importaba Memphis. En la radio del auto siempre pasaban a Neil Diamond.

No hay comentarios: