martes, 29 de abril de 2008

TENGAN PACIENCIA

HACE RATO QUE NO SUBO NADA ORIGINAL. TENGAN PACIENCIA. EL MEDICO ME HA PROHIBIDO EL CAFE, EL MATE!!!!, INFUSIONES, CARNE, COMIDAS CALIENTES, SALSAS, EL ALCOHOL!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! RESULTADO EL CEREBRO NO ME FUNCIONA, NO PUEDO PENSAR, ME DUERMO... Y YO LE CONTE EL CHISTE DEL TIPO AL QUE LE DABAN UNA DIETA SIMILAR, A LA QUE SE AGREGA LA EXCLUSION DEL SEXO Y EL TIPO LE DECIA AL MEDICO "Y ENTONCES PARA QUE QUIERO VIVIR". ROBERTOVS

martes, 22 de abril de 2008

domingo, 20 de abril de 2008

Omaha

Hoy encontré este texto que escribía en 1991, antes de mi segundo viaje a los Estados Unidos. De julio de 1969 a julio de 1970 vivía en Nebraska City, cincuenta kilómetros a sur de Omaha, donde vive aún mi amigo.

OMAHA

Los hechos que narro me fueron informados por un amigo, no por el conocido de un amigo, que actualmente vive en Omaha.

En 1964, 1965 y 1996, Los Beatles hicieron giras por los Estados Unidos. Después de cada presentación elegían entre las fans que los esperaban histéricas y ansiosas a la salida. Seleccionaban las que más les gustaban, cenaban y luego se iban a coger. Generalmente eran adolescentes de los últimos años de la secundaria. Es cierto que los miembros de la banda, por entonces, eran muy jóvenes.

Peter Brown, miembro del equipo que acompañaba al grupo, relata -en el libro que lleva el nombre del grupo musical- que durante la gira tocaban, ingerían –por lo general- anfetaminas[1], y cogían, cogían y cogían, cada noche con chicas distintas. Brown comenta que, sorprendentemente, nunca hubo un escándalo, nunca nada de esto tuvo espacio en la prensa y ninguna de las chicas realizó reclamo alguno. Ellas se iban felices y las esposas permanecían en Inglaterra.

Después del recital en Omaha, comieron y, cada uno en su cuarto, se dedicó a retozar con las adolescentes elegidas. Todos contentos. Por coincidencia todas las chicas iban al mismo grado de la misma escuela. No existía el SIDA, los cuatro estaban extasiados con la gloria, siendo que todos habían sido unos patanes –termino que uso mi amigo- de Liverpool y a ninguno se le ocurría usar profilácticos.

Según me contó mi amigo, que decía saber todo de muy buena fuente, las cuatro chicas quedaron embarazadas esa noche y tuvieron sus hijas, todas mujeres, con pocos días de diferencia. Bueno, he sido testigo de tantas coincidencias en mi vida que esta parte no me resultó inverosímil. En esa época no existían los estudios de ADN para realizar reclamos, de cualquier manera, a ninguna de las madres se le pasó por la cabeza entablar pleito, en realidad estaban más que felices.

Hasta acá la historia no sería nada de otro mundo. Pero mi amigo me dijo que, hacía los quince, las chicas que iban a la misma escuela, sin saber sus historias, sin saber quienes eran sus padres, porque las madres nunca se lo había revelado, formaron un grupo de heavy metal. Durante unos cuantos años el grupo tuvo cierta popularidad en el medio oeste estadounidense, pero no lograron tener reconocimiento a nivel nacional. No era época en que los hombres aceptaran fácilmente a mujeres en el heavy metal, o rock cuadrado como solía denominárselo entonces.

Ante mi insistencia mi amigo me reveló que los hechos le fueron narrados por su suegra. Cuando me contó la historia, nos habíamos encontramos por casualidad en Madrid, y termino confesando que estaba orgulloso porque pronto iba a tener un hijo que sería nieto de John.

En julio voy a viajar a Estados Unidos por un par de meses y voy a estar unos días en la casa de mi amigo en Omaha, Estado de Nebraska. Cuando vea los rasgos de su hijo, que ya ha cumplido diez años, quizás termine de creerle.

Roberto von Sprecher. Córdoba. Noviembre 1991.


[1] Varios testimonios coinciden en que fumaron marihuana por primera vez con Bob Dylan, aunque John ya la habría probado, y que Peter Fonda les hizo probar LSD en su casa de California.

martes, 15 de abril de 2008

ELOISA

ELOISA

Fue entre octubre y noviembre del setenta y cinco, no podría precisarlo, quizás octubre y noviembre. Por alguna razón coincidimos con Eloisa en una materia y tuvimos que hacer un par de prácticos juntos. Nos conocíamos hacía dos años, pero sólo los nombres, nos cruzábamos en el hall o en el pasillo ascendente y siempre nos saludábamos. Seguro teníamos algún amigo común. Bueno, eso ya era un vínculo: que siempre cruzáramos una mirada y nos dijéramos “hola”.

No puedo recordar en lo más mínimo que era lo que hacíamos, ni para que materia, ni cómo trabajamos, ni en que momento lo hacíamos. Si que un par de veces subí hasta el departamento donde vivía, supongo, que con la madre. No tengo la sensación de presencia masculina. Su dormitorio era angosto y no había casi otra cosa que la cama. En la imagen que conservo sólo la cama y paredes vacías. Si recuerdo claramente que en una de esas subidazas le preste Las aventuras oníricas de Randolph Carter de Lovecraft –sospecho que en una edición de Alianza-. Esas aventuras oníricas me parecían lo mejor de Lovecraft. Amaba a los cuentos de Lovecraft, a sus demonios amorfos y me había contrariado que un profesor de Literatura Contemporánea no lo hubiera ni sentido nombrar. Jamás volvía a ver, ni a leer ese libro.

A Eloisa la recuerdo delgada, casi alta, siempre tensa, los músculos del cuello tirantes, el pelo corto, sin aditamentos. Ya hacía más calor por lo que supongo que habíamos terminado los prácticos, quizás la materia. En menos de dos meses tenía que comenzar el servicio militar, de hecho lo comencé el 28 de enero de 1976.
Hacia calor, pero como ahora, no transpiraba como estoy transpirando ahora. Fuimos a tomar un café a la vuelta de la Facultad. No solíamos ir a tomar café a los bares, no entraban dentro de nuestro presupuesto. Ahora recuerdo que fue Eloisa que propuso ir al bar. Sino podíamos haber charlado sentados en cualquier lado.

Ella perdió la mirada apuntando hacia el techo, y siguió mirando nada mientras comenzaba a hablar sin parar, no recuerdo haber abierto la boca más de dos o tres veces… dos o tres palabras. Comenzó diciéndome que a mi me iba a contar lo que iba a contar porque yo ya estaba muerto.
Puede que haya estado dos horas hablando, a mi me pareció mucho tiempo y no podía dejar de mirarla y me contó la historia de su gran amor y de cómo no se animó a jugarse –era su término- por ese gran amor. Era otra chica, dijo el nombre, que había estado viviendo en su casa, que compartían la habitación y nadie sabía lo que pasaba entre ellas. Y que yo me enteraba porque ya estaba muerto. Pero, el final era su no animarse a irse con ella y tener que lamentarlo cada noche. La otra chica se había ido.

Finalmente no me morí. Cuando volví a Córdoba, en febrero del setenta y siete, me contaron que Eloisa estaba en México. Tres o cuatro años después alguien me dijo que se había suicidado. Se había tirado por la ventana de su departamento. Nunca registre su apellido, lo borré de mi memoria como tantos otros. Supongo que el dormitorio, desde el cual se había arrojado, tenía sólo una cama de una plaza y las paredes vacías.

Roberto von Sprecher
Febrero 2008. Primera versión.