lunes, 10 de marzo de 2008

RAFAEL

RAFAEL

Ayer lo encontré en el centro. Parecía que caminara por una ciudad desconocida para él. Permanentemente miraba hacía los costados, hacia atrás, como sin hacerlo.
Nos abrazamos largamente y lo invité a tomar un café. Creo que hacía algo más de diez años que no lo veía. Cuenta que viene al centro dos o tres veces al mes, hace los trámites lo más rápido posible y se vuelve. Su ropa parece vieja, pero no sucia ni gastada, parece de hace treinta años atrás.
Se está quedando pelado, no mira a los ojos.
Charlamos, pero no cuenta casi nada. Antes de irnos me dice que hace ocho años que Ana lo dejó y que todas las mañanas se despierta con lágrimas en los ojos. Invariablemente sueña sobre situaciones en las que estas ellos cinco, Ana, sus tres hijas y él. Las hijas van a verlo muy de vez en cuando.
Cuando lo veo irse no parece que fuera caminando por la vereda. Es como un fantasma imperceptible.
Roberto von Sprecher
Febrero 2008.

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